Akron Family: Misión espacial | Binaural


Akron Family: Misión espacial | Binaural.

En esta época de epílogo emocional de cierre de calendario, donde todo el mundo divide su tiempo en recopilar sentimentalmente lo que ha sido el año y lo que espera y anhela para el próximo, algunos musicópatas tienen tendencia a compilar lo mejor y lo peor, a nivel de discos, de este 2011. La tendencia entre el “mundillo” es tan extendida que uno mismo se encuentra, casi sin quererlo, en el ejercicio mental de colocar lo que tendría que aparecer en todas estas listas según, claro está, su propio y infalible punto de vista. Servidor no se considera poseedor de suficiente conocimiento y maleta de herramientas para publicar semejante listado. Pero cada uno tiene sus debilidades sonoras. Y a ellas procura mimarlas, cuidarlas y difundirlas cuanto pueda. Por este motivo, y por el increíblemente inadvertido concierto que dieron el mes pasado en Barcelona, me parece justo divagar un poco sobre Akron Family, uno de los grupos que más extraña y genialmente habitan el panorama musical.

A principios de este año publicaron un disco titulado ‘Akron Family II: The cosmic birth and journey of Shinju TNT’. Detrás de este lisérgico título topamos con una proeza sonora ensamblada con cuantiosas dosis de misticismo. Este disco tuvo un extraño proceso de grabación y composición en lugares remotos, posteriormente se publicó en Internet en diferentes versiones, hasta que el grupo decidió quedarse con la definitiva. Una forma de trabajar poco al uso, pero que no parece dada a la postura, sino a una bella falta de cordura y de rigidez formal que es de agradecer. El disco está formado por doce canciones de una vitalidad sonrojante. Suena a piedras lunares, a nebulosas, a fondos de pantalla de Windows estilo retro, a épica cósmica. Después de ‘Love is simple’ (2007) y ‘Set ’Em Wild, Set ‘Em Free’ (2009), donde parecía que Akron Family asentaba su esencia más ‘folkie’ al estilo norteamericano, aquí vuelven a dar una patada a sus coordenadas sonoras.

La psicodelia se apodera de casi todas las canciones. Las percusiones ganan presencia y el conjunto parece una oda un histrionismo sinfónico y ordenado. Como el típico veinteañero con peinado despeinado, donde el caos capilar está perfectamente estudiado. Prueba de ello es ‘Silly bears’, pista que abre el fuego, y que es una auténtica invitación a salir disparado de casa a bailar bajo la lluvia. Cosa similar sucede con otra perla como ‘Another Sky’. Una acuarela de trazos aguados, intensas capas y capas de sonido. Una especie de marmita donde encontrar a tíos con la cara pintada y plumas en las mangas. Colores fluorescentes. Como si MGMT, Vampire Weekend i The Flaming Lips dieran un trozo de cada uno para montar una canción. Brillantez espacial. El viaje cósmico tiene paradas más pausadas, con gusto a infusión de restos lunares, con cortes como ‘Light emerges’ o ‘Cast a net’. Dos canciones que nos llevan a sonidos más parecidos a los dos LP predecesores.

En resumen, un buen disco para días donde uno quiere saltarse un poco la trazada. Cuando no se tenga que decir que es lo mejor y lo peor del año que deja atrás. Cuando no haya ganas de proyectar demasiado su propia existencia. Solo fluir atemporal. Que a veces se está mejor en la vida espacial mental, que en ciertas realidades terrestres.

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