[Crítica] Beach House – Bloom (2012)Bloom | Binaural.es


[Crítica] Beach House – Bloom (2012)Bloom | Binaural.es.

[Crítica] Beach House – Bloom (2012)

Parece que en Baltimore los veranos deben ser muy diferentes de los que se viven en el Mediterráneo con sus anuncios publicitarios de cerveza, gorros de paja, calas imposibles y pop ligero y bailable. Otro verano es posible. Como el que nos proponen Beach House, con su ya cuarto disco, ‘Bloom’ (Sub Pop, 2012). Estos meses de calor vienen con atardeceres lentos. Atmósferas catatónicas que noquean el sentido y el discernimiento. Vestidos blancos de gasa. Casas en la playa. La tranquilidad después de la intensa canícula de las horas centrales del día. El sosiego de esperar llegar la noche, su cielo negro liso y la bondad refrescante del aire. Diez canciones para reiterar y alargar una propuesta que dignifique lo estilístico de la estación más calurosa. Dónde no todo son chanclas de plástico y bañadores de flores. Con Beach House otro verano es posible.

Han pasado ya dos años desde la aparición de aquel ‘Teen Dream’ (Sub Pop, 2010) que puso a Beach House en el mapa y nos dejó del todo descolocados, y acompañados de una horda de suspiros de flechazo inmediato. Una colección de tiempos lentos, atmósferas oscuras pero con dosis razonables de densidad y, el enésimo suspiro con la voz de Victoria Legrand. La chica de aire afrancesado, que nos recordaba a la Nico que cantaba con la Velvet. La mujer enigmática y con cara de “te voy a meter en líos pero no podrás decir que no”. En definitiva, un muestreo triunfalista de la etiqueta de pop ensoñador que se coló en nuestras mentes para quedarse. Así pues, pasado el tiempo, la nueva entrega de esta edulcorada propuesta llegaba a su tiempo de cocción.

‘Bloom’ se nos presenta como una continuación muy lógica de lo visto hasta la fecha. Una vez recorrida la línea del mar juntándose con la arena, llegados a las rocas, solo queda la posibilidad de volver hacia atrás y rehacer el camino. Es lo mismo que acabamos de hacer, pero el placer es tal que no importa lo más mínimo. Hay que hacer tiempo para cenar, y otro remojo de pies en el atardecer se presenta como la mejor de las opciones. Con todo, el sonido de Beach House continua sonando puro y grandilocuente. Aparentar mucho con poco. Como la serpiente pequeña que levanta cuello y lomo para aparentar más de lo que es. Pero aquí sin subterfugios ni trucos del manco. Algunas cuerdas, unas notas de teclado y algunos ritmos esponjosos para hacerle un sustentoso colchón a la voz de Legrand, que todo lo magnifica y todo lo convierte en poderoso. Como muestra, la pieza que abre el disco, ‘Myth’, que a base de percusiones parece una invitación tribal a la ensoñación. Posteriormente ‘Lazuli’ nos lleva de la mano hasta el manto notas mullidas y piel caliente que es la parte central del disco. Para aposentarnos en ‘The Hours’ y haber perdido por completo la noción del tiempo. Querer más paseos por la arena, más casas en la playa, atardeceres que se extiendan por toda la jornada. Un sueño ligero, un paseo en duermevela, que nos dirige hasta ‘Irene’, la eclosión de este ‘Bloom’. Una canción para reiterar lo mostrado hasta el momento y continuar desdibujando las coordenadas de espacio y tiempo. Una despedida con carácter. Una señal de que la ligereza no es vacuidad.

En definitiva, Beach House llegan a su cuarto disco en muy buena forma. Su ‘Bloom’ no busca artificialidades ni nuevos caminos. La trayectoria sigue siendo la misma, como los ingredientes, pero el camino no se nos ha hecho costoso. Quizás el tiempo no deje mucho espacio a la innovación con las pocas herramientas usadas hasta el momento. Pero el verano clama ligereza y tiempos aletargados para no caer en el sudor del sol impecable. Ahí es donde residen Beach House, con su casa en la playa. Y tal como están las cosas parece una propuesta inmejorable. Que afuera hay mucho ruido y aquí se está muy bien.

Puntuación | 75 de 100

Anuncis

Verano. Barcelona. Atardecer. Cinema a la fresca | Waaau TV


Verano. Barcelona. Atardecer. Cinema a la fresca | Waaau TV.

Cuando un barcelonés recibe visita de alguien de fuera suele pasar un buen rato contándole las bondades de su ciudad. Unos párrafos introductorios y entusiastas sobre lo bien que se vive en Barcelona. El primer pero suele llegar cuando se habla del verano y del calor. El calor de aquí. “No hay tanta temperatura como en Madrid, pero la humedad es agobiante. Es que tenemos el mar tan cerca…”. Seguro que estas palabras han salido alguna vez de su boca. Está bien que así sea, no hay que engañar al visitante. Pero tampoco se olviden que en verano tenemos soluciones para la sofocante canícula. Los atardeceres de Julio y Agosto tienen una cita a los pies del Castell de Montjuïc. Bucólico emplazamiento dónde año tras año se celebra el Cinema a la Fresca. El ciclo de proyecciones cinéfilas al aire libre que empieza a ganarse el apelativo de tradicional en los veranos barceloneses. El mantel a cuadros, la botella de vino, los pies descalzos, la ensalada de arroz, el gazpacho, el apetecible cigarro después de cenar, las hamacas, el buen ambiente, las chicas sentadas en el césped con las piernas recogidas a un lado, las vacaciones entre semana.

En resumen, un lujo urbano con un menú delicioso. Por solo 5 euros pueden disfrutar de un concierto que aliñe la espera antes de la proyección. Es muy recomendable no llegar con el tiempo justo, pues los tardones pueden quedarse con las ganas o conseguir plantar su toalla al lado del Estadi Olímpic. Después del aperitivo musical, una película en versión original. La bondad de la programación de Sala Montjuïc es una constante en todas sus anteriores ediciones, que por cierto ya son diez. Los títulos conjugan cintas de actualidad que han cosechado buenas notas por parte de público y crítica, con grandes clásicos transversales del cine que uno tendría que haber visto. Siempre hay aquella película que no hemos visto y que nos hace vergüenza reconocerlo, y aquí es un buen lugar para solucionarlo. Este año los títulos programados son variados y encontramos cintas como la animada ‘Chico y Rita’ de Fernando Trueba y Javier Mariscal; la oscarizada ‘El discurso del rey’; el documental sobre arte urbano y la figura de Banksy ‘Exit through the gift shop’; la enigmática ‘Orígen’, el clásico ‘Los caballeros las prefieren rubias’ con Marilyn Monroe y Jane Russell; o la joya de Pixar ‘Up’. Y como viene siendo tradición, la proyección del último día se decide por votación popular. Las candidatas son tres producciones dirigidas por Clint Eastwood: ‘Gran Torino’, ‘Million Dollar Baby’ o ‘Invictus’. En la web de Sala Montjuïc pueden consultar toda la programación.

Crónica Sónar 2012 noche | Waaau TV


Crónica Sónar 2012 noche | Waaau TV.

La noche debe confundir. Campo minado para el entendimiento. Ocaso lunar y paraíso de la mirada oscura. Sónar noche para quemar naves. Disparar cartuchos de la mierda sobrante de la cotidianidad y entregarse por completo a la causa única del hedonismo desaforado. Sin mirar atrás. Solo levantar los brazos y atizar el propio cuerpo. Todo ello en múltiples vertientes. Porqué el Sónar es una amalgama de maneras difícil de ver en otros sitios. Hay otros festivales dónde existen muchos tipos de personajes, pero todos acaban teniendo un patrón más o menos remoto con el que cortarse por igual. Aquí no. En la Fira de l’Hospitalet de Llobregat tenemos principalmente a ingleses de piel de leche e hígado esponjoso. Hijos (o nietos ya) del verano del amor en Manchester. Tenemos a los entusiastas del techno sin más. Los de toda la vida. Para los que Richie Hawtin puede ser el Nick Cave de los indies. También tenemos al poblador de extrarradio reciclado. Ha dejado atrás el pantalón de chándal a botones y ha cambiado sus excesos del pasado por centímetros de masa muscular hinchada, como un bistec de ternera de supermercado rezumando clembuterol. Es el único sitio que se permiten visitar cuando salen de los polígonos para propagar su sabiduría. Como no, también tenemos otras estirpes modernescas, colonias de gays enarbolando su condición y el reducto de inclasificables que caminan por pasarelas vitales muy alejadas de cualquier línea de convencionalidad. Todos ellos, juntos y revueltos, pueblan de forma más multidisciplinar que nunca los vastos cementos de los escenarios del Sónar de noche.

El viernes llegó con las piernas acariciadas por el cansancio de dos días de Sónar Día, pero las ganas ahí estaban. Se notaba el ansia de la gente cual grupo de escolares enfilando el autocar para empezar las colonias veraniegas. La primera cima de la noche la construyó Amon Tobin. Y lo hizo a lo grande, mediante sus fabulosos cubos virtuales con los que edificó un muro infranqueable de chorro visual y sonido poderoso. El espectáculo ‘ISAM’ fue un auténtico caramelo para los refinados vanguardistas. Capas de sonidos resquebrajantes, experimentalismo y sombras que conjugaban a la perfección con la estructura de imágenes de ciencia-ficción, de pasajes hipnóticos y de construcciones 3D que se iban proyectando en la monumental estructura desde la que Tobin ejercía de maestro de ceremonias. Robusto y fulgurante. Brillante. La velada continuó con uno de los platos fuertes y exóticos de este Sónar 2012. El esperado show de Lana del Rey. El publicó se dividía entre fans (más de los que podía pensarse; además de muy entregados) y escépticos que iban a ver qué el fenómeno pin-up yanqui. Así pues, la señorita Lana se presentó en el escenario con el único atuendo de un gaseado vestido blanco y una sección de cuerda, un piano y una guitarra bastante tímida. Primera sorpresa. Para su directo prescindió de las bases instrumentales que son el sustento de su buen disco ‘Born to die’. Así que primer punto para la chica de labios extrovertidos, ya que plantarse en un festival como el Sónar con semejante planteamiento, y con su voz como principal argumento, es atrevido. Bravo por ella. De esta guisa desgranó algunos de los temas de su mentado disco, más alguna novedad, en un concierto que se quedó corto al tener una hora escasa de duración. Lana del Rey defendió bien sus canciones, mostró credenciales y pareció salir victoriosa de tan esperado asalto. Asimismo, por mucho que nos insista en asegurar lo contrario, es imposible, al verla, desprenderse de la sensación de encorsetamiento. Todo parece estudiado al detalle y la improvisación parece un campo exótico. Finalmente, el espectáculo de bajar a las primeras filas del público, a repartir besos en la mejilla a modo Princesa de Gales, fue un poco de vergüenza ajena. Pero ahí queda el recuerdo de sus prominentes labios aplastándose en las mejillas de algunas “pubers” sobre-hormonadas.

Una vez ingerida la porción necesaria de hype glaseado de azúcar parecía obligada una nueva visita al escenario SonarClub en busca de una dosis de bpm’s. Aunque no fueran las únicas dosis que la gente buscaba con cierta prisas a estas horas. Ahí encontramos a Coyu. El chico jugaba en casa y parece que eso le sobreexcitó, ya que no dio ningún tipo de tregua desde el primer minuto. Su potente espectáculo sonoro afluyó torrentes de decibelios. Techno de las capas más duras. Carnaza para los ávidos de frenetismo sensorial. Su salida de carrera con la quinta marcha no le hizo gripar y lubricó bien los pistones durante toda su sesión para marcar el devenir de la noche. Después de él le llegó el turno a Richie Hawtin, que se encontró con un gallinero repleto de pollos sin cabeza revoloteando sobre si mismos. No sabemos si fue la carrerilla tomada por su antecesor, pero pareció que Hawtin olvidaba sus recreaciones minimal y más ambientales, para entregarse a cañonazo limpio a la propagación del mensaje salvacional del techno. Luz, color y chorrazos de beats para el respetable. El chico de Minus realizó lo que se esperaba de él, que es lo que tienen que hacer los clásicos. Por otra parte, el SonarPub también tuvo su particular fiesta pero con otras coordenadas, en este caso a cargo de Friendly Fires. Los británicos se encargaron de corroborar las alabanzas que preceden sus directos mediante la entrega de consumbiles sonoros para acentuar las fiestas. Con un vitalista pop electrónico, con toques de funky, con recuerdos temporales a Vampire Weekend, Friendly Fires derrocharon sudor y entrega para endurecer los gemelos mediante el baile. Y el público pareció agradecer infinitamente tal preocupación por la salubridad de sus cuerpos nocturnos.

El sábado también empezó pronto su jornada con una de las actuaciones más esperadas de este Sónar. El escenario principal tuvo el honor de albergar la salida al escenario de New Order. Santo y seña de la electrónica y inexplicable ausencia en el festival durante sus diecinueve años de vida. Y sí, New Order fue lo que se esperaba, ni más ni menos. Una hora de directo, encordado de hits transversales y para casa. Esto es lo que hay. Pero algunos pueden hacerlo, y otros no. Bernard Summer parece un poco cascado y le cuesta llegar en algunas canciones. Pero con lo que ha sido este hombre, no vengamos a pedir milagros. La banda en sí, con la inclusión de músicos más jóvenes, guarda buena forma y es capaz de ofrecer buenas dosis de ese excelso pop electrónico. La ejecución de ‘586’ fue muy salvable y mucho más energética de lo que podía esperarse. Luego los hits, claro está, con ‘Bizarre Love Triangle’ y, pausa dramática, ‘Blue Monday’. Santígüense y besen el suelo que pisan si han podido oír esta proeza de canción en directo. Veneren a (parte de) sus creadores y denles las gracias por tan descomunal himno. Y no les tengan en cuenta el arrastrarse un poco. ¿Las dos canciones de Joy Division al final? Pues mejor ni comentarlo; no hurguemos en la herida. Después de la lágrima y el enaltecimiento Factory Records, el concepto legendario se trasladó hacia el SonarPub. The Roots. Otra pausa dramática porqué lo de estos chicos es de comer a parte. Los músicos negros juegan en otra liga, pero ellos juegas aún en otra diferente, dentro de los elegidos. Cualquier banda que se precie a subir a un escenario tendría que ver un directo suyo. Sería el primero de EGB de los conciertos. Como aprender a leer. The Roots ejecutaron un concierto absolutamente perfecto. Lo plantearon obviando su último disco ‘Undun’ y se dedicaron a recorrer algunos de sus éxitos y aderezaron el final del directo con una suerte de medleys i versiones que enloquecieron al personal. Con guiño incluido al ‘Sweet child of mine’ de Guns N’Roses, y una versión acelerada de su antonomásico hit ‘The seed 2.0’. En definitiva, un apabullante concierto donde The Roots pasearon un imaginario cinturón dorado que les proclama como la mejor banda de hip hop del mundo. Aunque van más allá, porqué su música transita por tantos espacios que una etiqueta sola sería un insulto a su grandeza. Glorioso.

Después de la hecatombe de raíces negras, el alargado escenario del SonarPub acogió más dosis de negrismo sonoro. El mejor encargado para dicha tarea no era otro que el local DJ2D2. David Pérez presentó su espectacular espectáculo que combina música e imagen, y que dio muestras de la genialidad del barcelonés. Los audiovisuales formaban un conglomerado de cortes de videoclips, con cortinillas coloristas y pedazos añadidos, como los de las cargas de los Mossos de Esquadra en Barcelona durante el último año. Inocencia ninguna. Tino y acierto en la dirección del dardo. Proyectiles que se disparaban en continuas ráfagas desde los platos y los sabios dedos de DJ2D2. Con sus yemas gastadas en el digging y en el tacto de las fundas de discos. Un onírico y acojonante viaje por los sonidos del hip hop, el soul y el funk por cualquiera de sus caras. Que si Bob Marley, Adelle, Snoop Dogg o Beastie Boys. Respeto y más respeto para todo lo que venga de esta prodigios mente. DJ2D2 realizó una sesión antológico que contorneó las rótulas de todos los presentes y dibujó una sonrisa afro-hedonista a todos ellos. La concavidad en los labios se convirtió entonces en expectación boquiabierta ante la próxima cita: Die Antwoord. Esta boca abierta se quedó así, de par en par, durante los venideros sesenta minutos. Madre de Dios del amor hermoso. Si The Roots juegan en otra liga, estos chicos de Sudáfrica viven en otro planeta. Menudo espectáculo. Derroche puro de actitud, apología del ‘white trash’, vitalidad por los poros y montones de cosas que decir. Con las notas de ‘Enter the ninja’, la menuda Yo-Landi y el armario Ninja hicieron entrada en el escenario principal, con el acompañamiento del percutador de ritmos Dj Hi-Tek. Ojos como platos y el público desbocado, entregado a la causa afrikáner. No faltaron los éxitos como ‘I fink U freeky’ o ‘Baby’s on fire’. Himnos de este exótico rap revestido de ritmos trance que descoloca al más curtido. Si en 2011 Die Antwoord se ganaron volver al Sónar este año por aclamación popular, en 2013 tendrán que montarles un festival para ellos solos.

Después de tanta adrenalina vertida y consumida, la noche continuaba transitando entre ríos de gente y aglomeraciones en los accesos a los escenarios. Recordad al sr. Sónar que si vende algunas entradas menos ganará un poco menos de dinero, pero alargará la vida y la felicidad de algunos de sus asistentes más asiduos. Nota mental. Los amontonamientos de gente eran una especie de peaje para llegar a Hot Chip y poder ver el traje de barrendero cósmico de Alexis Taylor. Los de Londres se encargaron de hacer aquello que hacen tan bien y desde hace tanto tiempo: hacer bailar a la gente. Repasaron de forma acertada su dilatada carrera, y el SonarPub se convirtió en un rectángulo relleno de personas felices, sudadas y asardinadas. Otras tantas como había a los pies del tótem deadmau5. El icónico dj puso sus grandes orejas y su espatarrante show audiovisual y lumínico en el escenario principal. Una sesión sin sorpresas con la que los ingredientes conocidos, a base de electro-house cañetero y chorreo de imágenes catatónicas, fueron suficientes y abundantes para divertir a los presentes.

En resumen, una nueva y exitosa edición del Sónar, que llega a la veintena de años con una formidable salud. El festival ha conseguido vender todo el cartón en casi todos los días sin trastocar los ingredientes que han conformado todos estos años su propuesta artística. Celebramos que sigan apostando por aportar toques especiados en su programación con aromas de hip hop o de indie. También que sigan insistiendo en los audiovisuales como una parte más de la música contemporánea. Y el atrevimiento y el riesgo en algunos de los artistas que programan, porqué es en este campo donde se han ido ganando año tras año su reputación. Así que, larga vida a la apuesta, a la experimentación y al Sónar. De día y de noche.

Oscar Villalibre

Crónica Sónar 2012 día | Waaau TV


Crónica Sónar 2012 día | Waaau TV.

La moqueta-césped verde. Pies descalzos. Las cervezas y los brazos permanentemente en posición de 90 grados. Los guiris torso al aire y camiseta colgando del pantalón. Las gafas de sol como parte del uniforme, como el hábito del monje. Los vestidos de las chicas que provocan tener que forzar los músculos del cuello. El ambiente de comunión. De aquí y ahora. El Sónar Día tiene una idiosincrasia particular. Un aparte dentro del propio festival. Su recinto, sus propuestas aperturistas, las ganas de más. Belleza en las gradas imaginarias y atrevimiento en los platos y en los artilugios situados encima de los escenarios. Sonrisas perennes que parecen venir puestas con la condecoración de la pulsera festivalera. El divertimiento como hilo común de tantos. De Jordi Pujol a Bibiana Ballbé. Richie Hawtin repartiendo decibelios entre cajas de tomates y sandías. Una fórmula de éxito que lleva mucho tiempo dando réditos. Aunque, atención, no pensemos que por vender algunas entradas de más hacemos crecer al festival. La masificación es el único pero a un festival pulcro y tan bien desarrollado. Donde, por cierto, se cuida a la gente que acude al Sónar a trabajar de forma ejemplar.

La pulcritud y el acierto han sido algunas de las notas que más han sonado en el plano artístico de este Sónar versión diurna. La combinación de artistas experimentales, con artistas más asentados dentro del circuito alternativo, con dj’s más al uso para mantener el gusto de todos los comensales, ha vuelto a dejar un muy buen sabor de boca. Entre las actuaciones destacadas, en gran medida por la expectación generada, tenemos que hablar de Flying Lotus. Su live del jueves tuvo su primera hora de paseo triunfal en el escenario del SonarVillage. Bastidas dub-step, tiempos lentos y saqueo rítmico de los sonidos negros. Una ejecución brillante para una primera parte de actuación sublime. Luego llegó el inexplicable parón. Un intento de fuga antes del tiempo previsto, para acabar retornando; no antes sin volver a parar la música para pedir por el micro un whisky. Asimismo, en el capítulo de los destacados también tenemos que dejar espacio a When Saints Go Machine. Los nórdicos subieron la temperatura del SonarHall (cosa físicamente no muy difícil, por cierto) con sus vitalistas ritmos y su apuesta de pop electrificado. Impecable ejecución de todos sus temas, con especial relevancia a la sección rítmica, y al potencial Nikolaj Manuel Vonsild repartiendo gorgoritos y dosis de carisma a dispersión. Y, cambiando de escenario, llegando hasta el SonarDome tenemos que entrometer entre los destacados al torbellino Nina Kraviz. La rusa cameló a los asistentes con su espectacular presencia y su siberiana voz cantando algunos de sus temas. Ritmos house, con grandes surcos de bajos y por encima de todo, una invitación en toda regla al baile y al despiporre. Veneración para esta diva del este, que dejó a todos con los hoyuelos de la boca al aire, a los que ya los llevaban y a los que no.

Este podría ser el podio de los diurnos, pero como siempre cada uno a lo suyo. Cada oreja con su pareja. Este juego de la oca entre escenarios también tuvo paradas destacadas en diferentes casillas. Como por ejemplo la de Thundercat. El genio del bajo actuó el jueves en el SonarVillage con el sol aún repartiendo estopa ultravioleta. El amigo se plantó en el escenario con camiseta de la selección española del año 1994. La fecha no es un eufemismo. Literalmente, la elástica de aquél año, la que llevaban Abelardo o Julio Salinas en Estados Unidos. Él y su camiseta salieron con poco apoyo instrumental. Lo mejor de su directo fue ver sus gráciles dedos punteando el bajo y su capacidad para generar melodías penetrantes. Quizás se echó de menos un peldaño más en la aceleración de los temas, que sonaban muy alejados a los que puede encontrarse en su fabuloso disco ‘The Golden Age of Apocalypse’. En esta línea, otro de los que dio buena cuenta de la gamma de bajos y de sonidos más profundos, fue el germano Doc Daneeka, que puso en buena onda el SonarDome. El cementerio de elefantes donde los más apaches van en busca de poder ampliar su colección de cabelleras. En este mismo escenario, pero en la jornada del viernes, pudimos disfrutar con Nguzunguzu. El dueto californiano dio alegres y sincopados brincos entre diferentes géneros, dando aire al hip hop, pasando por la electrónica más morena de piel, hasta plantarse en pasajes al más puro house ochentero. Una acertada mezcla que puso ecléctica la moqueta verde propiedad de los pies descalzos. Finalmente, hay otras propuestas que podemos destacar como el extraño y contorneante cuello de Jacques Greene, que ofreció uno de sus contados directos, acompañado de un socio que no suele ayudarle cuando dirige los platos. El sonido no fue lo mejor que desprendieron y quizás este factor no permitió gozar bien del directo. Como Om Unit, que pareció no desplegar todo lo que podía esperarse y pareció embarrancar en fangos experimentales que a más de uno le costaron digerir. El que no descarriló para nada fue Daniel Miller. El veterano dj británico, fundador de Mute Records, puso literalmente patas arriba el SonarVillage con una fórmula imperante y triunfante desde tiempos inmemorables: haz lo que sabes hacer y punto. Su olfato para el buen hit provocó la dispersión continua de trufados temas, aderezados todos con el house y el techno más amable, dando lugar a una señora sesión que encandiló los variopintos asistentes.

En resumen, el Sónar Día saldó sus tres días de actuaciones con otra buena nota para el expediente. Las ansiedades sonoras de todos los tipos de asistentes pudieron saciarse en algún u otro momento. No quedó nadie rezagado. Aunque parecen proliferar los asistentes más preocupados en conjugar otros verbos (tragar, masticar, chupetear, aspirar) que el de escuchar. Hecho no reprochable a la organización, sino a una mala concepción de lo que es un festival de música. Pero, evidentemente, que cada uno haga lo que pueda y buenamente sepa, especialmente con su ocio. Puede que esta gente ya estuviera otros años, pero el espacio era mayor. La presencia en el Sónar Día no era algo tan cómodo como antaño este 2012. La masificación es un serio problema que desvirtúa notablemente la imagen del evento. Esperemos que ello sea pensado por los que tienen que pensar, y consigan un tránsito más fluido y más amable por encima de la adorada moqueta verde del CCCB.

Oscar Villalibre

Futbol y canciones pop. Pequeño recorrido a una larga simbiosis | Waaau TV


Futbol y canciones pop. Pequeño recorrido a una larga simbiosis | Waaau TV.

Las canciones pop y el futbol tienen una historia en común desde hace tiempo. Ambos campos tienen de parecido, entre otras cosas, que hace mucho que funcionan y básicamente siguen siendo lo mismo que el primer día, pero eso no les ha hecho perder ni un ápice de encanto. A todos nos siguen gustando las canciones de The Smiths, como las croquetas que hacía Michael Laudrup. Lo popular ejerce una de sus máximas expresiones en el fútbol, donde los iconos se fabrican con pocos regates. Así que quizás no sabemos dónde acaba el deporte y donde empieza la cultura pop. Quizás la esencia tiene los mismos ingredientes. Estos días, no hace falta más que pasearse por las casas o las terrazas de nuestros barrios, al atardecer, para ver que los hombres con espinilleras y camisetas de colores juegan cada día en el televisor. Eurocopa que huele a verano, a gritos, lamentos y gentes sacando banderas al balcón. Por eso, es un buen momento para repasar algunas canciones de nuestra historia del pop que han bebido del fútbol. Grandes temas que no se han acomplejado de bajar a las galeras del ocio obrero. Porqué la intelectualidad y el hooliganismo quizás no son campos que tengan que darse siempre la espalda. Pero si a caso ya otro día les hablo de Nick Hornby.

En esto de mezclar fútbol y pop, Los Planetas son de los habituales en nuestro país. Su afición y pleitesía al deporte rey han sido claras desde siempre. Canciones como ‘El artista madridista’ o ‘La copa de Europa’, aunque no muestren relaciones temáticas inmediatas, muestran unos referentes muy claros. Pero, siguiendo con el balón, uno de los himnos pop cantados en castellano de los últimos tiempos también deja destellos balompédicos. ¿Quién no ha abierto los brazos en algún club entonando las notas de ‘Un buen día’, y gritando mientras se hace referencia al Marca y al golazo de Mendieta?

Aunque, a decir verdad, uno de los músicos con más tirada al fútbol en estas tierras, es Miqui Puig. Nunca ha escondido su militancia hacia el FC Barcelona y su gran admiración por grandes jugadores de este deporte. Ya en su época al frente de Los Sencillos editó aquel magnífico single titulado ‘Phutbol’. Una canción marca de la casa que recitaba grandes astros del cuero tales como Romario, George Weah o al mismo D10S. Posteriormente, durante su carrera en solitario, Miqui publicó un disco bajo el título de ‘Impar’. Toda la literatura y base temática del disco gira en torno al hooliganismo, la pleitesía y la perseverancia en la admiración. Además en él encontramos un corte titulado ‘UEFA’ donde se relata la historia de un equipo imaginario (o no) que llega a una final europea y la acaba perdiendo, pero sus aficionados siguen coreando himnos y cánticos todos los domingos.

Los aragoneses Tachenko son otros de los que han gustado de hablar de fútbol en algunas de sus canciones. En su brillante disco ‘Las jugadas imposibles’ encontramos ‘1986’, bella canción dónde hablan de amor y símiles futbolísticos. Buen gusto hablar de la Naranja Mecánica, de Mario Kempes, y de los mundiales de los 80’s en una misma pista.

“Entrenaba con la Holanda de Cruyff,
pero nunca le tocó decidir.
Kempes, díselo, todo terminó,
y el balón es para mí.”

Pero como es lógico, la afición por aunar balompié y melodías pop no es propiedad ibérica. Fuera de nuestras fronteras es una práctica que podemos encontrar con asiduidad. Y como no en el Reino Unido, quizás donde mejor saben vivir el fútbol, y donde el pop tiene una casa con el salón más amplio y luminoso. Más allá del disco de The Wedding Present titulado ‘George Best’, en honor al mítico jugador del Manchester United, aquí encontraremos rápido al gran Morrissey. Su amor por este deporte se ha hecho constante en varios momentos de su carrera, y algunas de las portadas de sus discos contienen material futbolístico, como el single ‘Dagenham Dave’, dónde puede verse la cara de un jovencísimo Terry Venables, gran jugador y mítico entrenador durante los ochenta. En otro sentido, la relación entre fútbol y canción no ha venido de entrada, sino que se ha producido después. Algunos temas fueron tomados prestados por grandes eventos como Mundiales y Eurocopas o por marcas comerciales relacionadas con el fútbol, y la asociación conceptual es inevitable aunque seguro que ésta no era la intención del artista. Por ejemplo, la dinámica ‘Song 2’ de Blur, que fue pensada como un tema de puro divertimiento para el grupo, pero que una marca de videojuegos adoptó para su simulador de futbol, y nos ha quedado grabado así, a todos, en la retina. Suenan estas notas y uno no puede dejar de imaginar un balón rodando en nuestra pantalla de televisión.

Y, finalmente, no podía faltar en este pequeño recorrido una canción popular que se ha convertido en auténtico himno relacionado con el fútbol. Y nunca mejor dicho. El ‘You’ll never walk alone’ de Gerry & The Pacemakers, que fue adaptado en versión coral y hooligan por las aficiones del Liverpool y del Celtic de Glasgow, y se ha acabado convirtiendo en su respectivo himno no oficial. Oír a sus aficionados cantándolo a capela antes de los partidos pone tierno al más fiero de la manada.