Crónica Sónar 2012 día | Waaau TV


Crónica Sónar 2012 día | Waaau TV.

La moqueta-césped verde. Pies descalzos. Las cervezas y los brazos permanentemente en posición de 90 grados. Los guiris torso al aire y camiseta colgando del pantalón. Las gafas de sol como parte del uniforme, como el hábito del monje. Los vestidos de las chicas que provocan tener que forzar los músculos del cuello. El ambiente de comunión. De aquí y ahora. El Sónar Día tiene una idiosincrasia particular. Un aparte dentro del propio festival. Su recinto, sus propuestas aperturistas, las ganas de más. Belleza en las gradas imaginarias y atrevimiento en los platos y en los artilugios situados encima de los escenarios. Sonrisas perennes que parecen venir puestas con la condecoración de la pulsera festivalera. El divertimiento como hilo común de tantos. De Jordi Pujol a Bibiana Ballbé. Richie Hawtin repartiendo decibelios entre cajas de tomates y sandías. Una fórmula de éxito que lleva mucho tiempo dando réditos. Aunque, atención, no pensemos que por vender algunas entradas de más hacemos crecer al festival. La masificación es el único pero a un festival pulcro y tan bien desarrollado. Donde, por cierto, se cuida a la gente que acude al Sónar a trabajar de forma ejemplar.

La pulcritud y el acierto han sido algunas de las notas que más han sonado en el plano artístico de este Sónar versión diurna. La combinación de artistas experimentales, con artistas más asentados dentro del circuito alternativo, con dj’s más al uso para mantener el gusto de todos los comensales, ha vuelto a dejar un muy buen sabor de boca. Entre las actuaciones destacadas, en gran medida por la expectación generada, tenemos que hablar de Flying Lotus. Su live del jueves tuvo su primera hora de paseo triunfal en el escenario del SonarVillage. Bastidas dub-step, tiempos lentos y saqueo rítmico de los sonidos negros. Una ejecución brillante para una primera parte de actuación sublime. Luego llegó el inexplicable parón. Un intento de fuga antes del tiempo previsto, para acabar retornando; no antes sin volver a parar la música para pedir por el micro un whisky. Asimismo, en el capítulo de los destacados también tenemos que dejar espacio a When Saints Go Machine. Los nórdicos subieron la temperatura del SonarHall (cosa físicamente no muy difícil, por cierto) con sus vitalistas ritmos y su apuesta de pop electrificado. Impecable ejecución de todos sus temas, con especial relevancia a la sección rítmica, y al potencial Nikolaj Manuel Vonsild repartiendo gorgoritos y dosis de carisma a dispersión. Y, cambiando de escenario, llegando hasta el SonarDome tenemos que entrometer entre los destacados al torbellino Nina Kraviz. La rusa cameló a los asistentes con su espectacular presencia y su siberiana voz cantando algunos de sus temas. Ritmos house, con grandes surcos de bajos y por encima de todo, una invitación en toda regla al baile y al despiporre. Veneración para esta diva del este, que dejó a todos con los hoyuelos de la boca al aire, a los que ya los llevaban y a los que no.

Este podría ser el podio de los diurnos, pero como siempre cada uno a lo suyo. Cada oreja con su pareja. Este juego de la oca entre escenarios también tuvo paradas destacadas en diferentes casillas. Como por ejemplo la de Thundercat. El genio del bajo actuó el jueves en el SonarVillage con el sol aún repartiendo estopa ultravioleta. El amigo se plantó en el escenario con camiseta de la selección española del año 1994. La fecha no es un eufemismo. Literalmente, la elástica de aquél año, la que llevaban Abelardo o Julio Salinas en Estados Unidos. Él y su camiseta salieron con poco apoyo instrumental. Lo mejor de su directo fue ver sus gráciles dedos punteando el bajo y su capacidad para generar melodías penetrantes. Quizás se echó de menos un peldaño más en la aceleración de los temas, que sonaban muy alejados a los que puede encontrarse en su fabuloso disco ‘The Golden Age of Apocalypse’. En esta línea, otro de los que dio buena cuenta de la gamma de bajos y de sonidos más profundos, fue el germano Doc Daneeka, que puso en buena onda el SonarDome. El cementerio de elefantes donde los más apaches van en busca de poder ampliar su colección de cabelleras. En este mismo escenario, pero en la jornada del viernes, pudimos disfrutar con Nguzunguzu. El dueto californiano dio alegres y sincopados brincos entre diferentes géneros, dando aire al hip hop, pasando por la electrónica más morena de piel, hasta plantarse en pasajes al más puro house ochentero. Una acertada mezcla que puso ecléctica la moqueta verde propiedad de los pies descalzos. Finalmente, hay otras propuestas que podemos destacar como el extraño y contorneante cuello de Jacques Greene, que ofreció uno de sus contados directos, acompañado de un socio que no suele ayudarle cuando dirige los platos. El sonido no fue lo mejor que desprendieron y quizás este factor no permitió gozar bien del directo. Como Om Unit, que pareció no desplegar todo lo que podía esperarse y pareció embarrancar en fangos experimentales que a más de uno le costaron digerir. El que no descarriló para nada fue Daniel Miller. El veterano dj británico, fundador de Mute Records, puso literalmente patas arriba el SonarVillage con una fórmula imperante y triunfante desde tiempos inmemorables: haz lo que sabes hacer y punto. Su olfato para el buen hit provocó la dispersión continua de trufados temas, aderezados todos con el house y el techno más amable, dando lugar a una señora sesión que encandiló los variopintos asistentes.

En resumen, el Sónar Día saldó sus tres días de actuaciones con otra buena nota para el expediente. Las ansiedades sonoras de todos los tipos de asistentes pudieron saciarse en algún u otro momento. No quedó nadie rezagado. Aunque parecen proliferar los asistentes más preocupados en conjugar otros verbos (tragar, masticar, chupetear, aspirar) que el de escuchar. Hecho no reprochable a la organización, sino a una mala concepción de lo que es un festival de música. Pero, evidentemente, que cada uno haga lo que pueda y buenamente sepa, especialmente con su ocio. Puede que esta gente ya estuviera otros años, pero el espacio era mayor. La presencia en el Sónar Día no era algo tan cómodo como antaño este 2012. La masificación es un serio problema que desvirtúa notablemente la imagen del evento. Esperemos que ello sea pensado por los que tienen que pensar, y consigan un tránsito más fluido y más amable por encima de la adorada moqueta verde del CCCB.

Oscar Villalibre

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