[Crónica] Festival Cruïlla Barcelona 2013 (5/6 de julio) | Binaural.es


El festival Cruïlla ha vivido este pasado fin de semana su sexta edición en el recinto del Fòrum de Barcelona. El evento ha clausurado con aceptables resultados unas jornadas marcadas por una mezcla de estilos tanto en las actuaciones artísticas, como del público asistente, conformando un acento muy propio y que solo el Cruïlla puede ostentar a defender.

El Cruïlla ya ha vivido su sexta edición. Han pasado dos días de conciertos, actuaciones más y menos destacadas, de buen rollo y divertimento en general. Este festival barcelonés ha conseguido asentar una manera de hacer y de ser muy personal. Su lema para este año rezaba “We are music”. Dando a entender que lo que mueve a sus organizadores es la música en si misma. Sin los envoltorios que muchas veces visten todo lo que la rodea. No existe un estilo específico a la hora de calibrar el cartel artístico. Éste es una mezcla de world music, sonidos negros, algo de pop alternativo y varios artistas de difícil ubicación estilística. Ello comporta una divertida variedad en el público asistente. Pisar el cemento del Fòrum durante el Cruïlla nos pude permitir ver en un solo barrido ocular a un hipster recalcitrante, un rastafari de carné y la típica guiri rubia que podríamos encontrar en Glastonbury. Todo vale y todo cuenta. Además el Cruïlla piensa el espacio del Fòrum para que puede vivirse de una forma apacible. Prioriza el espacio entre escenarios. Otorga importancia a las zonas de descanso y comida. Incluso pone una zona de juegos extraños para los niños (y también algunos más crecidos que deciden quitarse edad alcohol mediante). En definitiva, es un festival diferente. Que tiene mucho menos públicos que certámenes precedentes en el calendario, pero que de ello sabe hacer una virtud.

Para esta sexta edición había programados dos cabezas de cartel indiscutibles. Los primeros eran Suede, unos de los abanderados del brit pop noventero, y que también han decidido subirse al carro de los reencuentros y las reapariciones. Ellos encabezaban la noche del viernes en el escenario Estrella Damm. La formación supo responder a las expectativas generadas combinando con acierto las canciones de su disco de vuelta, “Bloodsports”, con clásicos indisolubles como “Animal Nitrate” o la pegadiza “Trash”.

 

Es de remarcar la capacidad de Suede para generar interés con su material más nuevo, muy decentemente defendido. Hecho que no puede verse en algunos de sus coetáneos que también han decidido estar de vuelta en los escenarios. Y si los reyes del viernes eran ellos, el trono del sábado tenía solo un asiento. Dorado y con velludo blaugrana. Indiscutiblemente fue Snoop Dogg quien se sentó en él. Entre sus seguidores había un poco de incertidumbre sobre este directo, dado la última reencarnación del artista de Long Beach en Snoop Lion y su derivación hacia sonidos cercanos al reggae. Pero The D-O Double G no decepcionó a quienes les esperaban. Tiró de su rap más identificativo, de varios de sus grandes temas y puso todo el espectáculo necesario para hacer pasar una velada sublime. Acompañado de dos MC’s, dj, algunos músicos y tres exuberantes bailarinas, Snoop sacó a relucir su carisma y convirtió el escenario Estrella Damm en una marea de brazos en alto y flow corporal. Supo acordarse de Dr. Dre, de Justin Timberlake y del clásico sampleado de House of pain “Jump Around”. Recital de versiones y clásicos propios. Todo pensado y calculado para el deleite popular y manifestar su voluntad de no abandonar el reinado del rap que tanto le gusta ostentar. Y fumándose un cigarro manufacturado de tamaño bíblico, recitando los compases de “Young, Wild & Free”, y sentenciando con un “Smoke weed motherfuckers”, Snoop Dogg abandonó el escenario dejando atrás una grandísima actuación.

 

Todo esto lo referente a los grandes cabezas de cartel, pero el Cruïlla de este año tenía también una segunda línea de artistas nada desdeñable. En la primera jornada cabe destacar la actuación de Billy Bragg. El cantante de Essex actuó en el escenario Time Out con una actitud muy combativa. Cada canción venía presidida por una arenga política. Aunque en algunos momentos hacía decaer el ritmo del concierto, sin duda es de celebrar poder ver artistas con ideas meridianas y con capacidad para el guiño social. Destacar su apoyo al matrimonio homosexual y a las referencias de hastío hacía el conservadurismo en su Gran Bretaña natal. En lo musical reseñar su buena combinación de piezas nuevas, como la bella “No one knows nothing anymore”, con clásicos que deberían enseñarse en las escuelas como “A new England”. Posteriormente, los artistas caseros tomaron el protagonismo. Primero, los madrileñosToundra que electrizaron la carpa-escenario del Periódico. Bordaron su actuación dejando claro que en esto del post-rock ellos son los que cortan el bacalao en nuestro país. Más tarde, los catalanes Standstill presentaron su espectáculo “Cenit” en el escenario Time Out. Una nueva muestra del ingenio de los chicos liderados por Enric Montefusco, combinando luces, proyecciones y visuales con las composiciones monumentales de su nuevo disco “Dentro de la luz”. No decepcionaron en absoluto, y su directo sigue sonando potente, arrebatador e inspirador como pocos.

Finalmente, la noche tuvo un atronador colofón con la actuación de The Suicide of Western Culture. El dúo barcelonés se encuentra en un estado de forma espectacular, y lo demostraron en el escenario del Periódico. Ante unos cuantos fieles, TSOWC sacaron a relucir todo su arsenal analógico, esta vez con guitarra distorsionada incluida, y desgranaron los temas de su reciente nuevo disco “Hope Only Brings Pain”. Su directo es una auténtica bofetada. Un ir y venir de ráfagas, crescendos, eclosiones y texturas rugosas.

En cuanto al sábado, uno de los nombres esperados era el de Morcheeba. La banda británica presentó su nuevo disco “Blood Like Lemonade” delante de un buen número de espectadores, en el escenario Deezer. Parece que los ingleses siguen en buena forma y pueden dar gracias de la vuelta de su vocalista Skye Edwards. El sonido de Morcheeba no puede entenderse sin su voz ni sin su presencia escénica.

Más tarde, fue el trombonista y trompetista Trombone Shorty el que hizo bailar y pasar un muy buen rato hedonista a los presentes en el escenario Time Out. Su música sureña llevó hacia una realidad paralela ambientada en Nueva Orleans. Clásico y efectivo. Muchas veces los programadores se dejan llevar por la contemporaneidad y olvidan que las raíces si siguen puestas ahí será porqué sustentan alguna cosa. Finalmente, también cabe mencionar la actuación de Fermín Muguruza con su Kontrakantxa, un espectáculo donde repasa sus más de 30 años de música y compromiso político. El músico euskaldun tocó todos los palos que ha ido probando durante su prolífica carrera, sin dejarse clásicos, ya no musicales sino sociales, como el “Sarri, sarri”. Bi Batu!

[Crónica] Mishima en Mataró (10 de mayo 2013) | Binaural.es


Hace poco más de un año que veía la luz ‘L’amor feliç’ (The Rest is Silence, 2012), el sexto disco de Mishima. Y la banda catalana sigue rodando presentando sus nuevas viejas canciones por todo el territorio. Una gira extensa que muestra como los grupos, por muy doradas que sean las letras con que se escriben sus nombres, tienen que sudar y bregar en los escenarios para ganarse el poco pan que reparte la industria musical. La cita de ayer era en la Sala Clap de Mataró, un escenario que ha visto pasar muchos y buenos nombres. El recinto no estaba lleno hasta los topes pero presentaba una muy buena entrada, con casi tres cuartos del espacio llenos. La genealogía del público que acude a los conciertos de Mishima es algo bastante descriptivo de lo está llegando a ser esta banda. Mayoría abrumadora de féminas, de novios acompañantes que no se esconden en cantar las letras, y de gente cada vez más joven. Quizás el que les escribe se haga cada día más viejo, de acuerdo, pero es reseñable como son cada vez más benjaminas las chicas que ponen gesto embelesado y se atreven a gritar ‘Carabén president!’, con tintes hormonales descabalados.

Un público, pues, fiel, entregado y muy predispuesto. Que aplaudió la salida al escenario de David, Marc, Dani, Xavi y Alfons con entusiasmo. Pronto los Mishima se pusieron el mono de trabajo empezando con una electrizante interpretación de ‘Tornaràs a tremolar’. Descarga portentosa de seis cuerdas y percutación militar de la sección rítmica. Seguidamente llegó pronto la revisión de los trabajos más primerizos cantados en catalán (siguen ignorando completamente sus dos primeros discos anglófonos, y cada día más su primer disco cantado en lengua vernácula, el antológico ‘Trucar a casa, recollir les fotos, pagar la multa’) pidiendo al público cantar los coros de ‘El temple’. Ceremonia recurrente en las homilías pop del Padre Carabén. Y que así sea, por los siglos de los siglos. Posteriormente, con el respetable cada vez más entonado, la banda barcelonesa empezó a meter mano a las composiciones de su último disco. Piezas magníficas y de categoría ascendente como ‘Els crits’ o la juguetona ‘Els vespres verds’.

Cuarta marcha puesta y velocidad de crucero elevada. Mishima pilotan sus conciertos con la seguridad del que se conoce la carretera de memoria. Con las bondades y las maldades que ello comporta. Así encararon la primera cima hedonista con ‘L’olor de la nit’, donde la gente gritó su emblemático “follem” como si un orgasmo hubieran tenido. Éste fue el preludio de la primera remesa de hits ya clásicos de la banda, y seguramente de todo el pop catalán, con ‘Miquel a l’accés 14’ (canción que deberían enseñar en las escuelas por su carácter de neófita en esto de cantar costumbrismo en catalán de forma desacomplejada); la reina de la metáfora romántica ‘Set tota la vida’; ‘L’última ressaca’, la última en colarse en esta lista de imprescindibles; y la brillantemente perfecta ‘Un tros de fang’. Una batería continua de canciones que han crecido junto a la banda, que han devenido seres con conciencia propia. Y que fue cerrada con ‘Tot torna a començar’, la composición que mejor resume lo que hoy en día ha llegado a ser Mishima: épica, lírica exquisita, músculo compositivo y carácter de grandeza.

Todo ello condujo hasta los bises y el inicio del final de la velada. Los músicos desaparecieron del escenario y el público empezó a reclamar su presencia cantando los hooliganistas coros de ‘No obeir’ (futuro clásico), mezclándolos con proclamas políticas que resultan complejas de calzar en un concierto como el de Mishima. Madrugada y soberanía populista, que quieren. Entonces la banda volvió al escenario para dar los últimos coletazos a la velada con una revisión de la exponencialmente melancólica ‘Ningú m’espera’, aderezada con unos relámpagos guitarreros heroicos de Dani Vega, al más puro estilo Brian May. A ella le siguieron ‘No existeix l’amor feliç’ y la demandada ‘No obeir’, con el gentío entregado al oficio del coro ronco, el baile desacompasado y la levitación espasmódica de brazos. Rituales conocidos, repetidos, pero no por ello menos divertidos. Y Mishima habían dado un nuevo concierto, una nueva muestra de sus capacidades. Son muy buenos. Esperemos que se pongan más pronto que tarde a modelar nuevas canciones. Las necesitamos.

mitjançant[Crónica] Mishima en Mataró (10 de mayo 2013) | Binaural.es.

[Crónica] Berlinist en Barcelona (19 de marzo de 2013) | Binaural.es


[Crónica] Berlinist en Barcelona (19 de marzo de 2013) | Binaural.es.

El buen sabor de la consecución es algo que puede hacernos relamer y disfrutar, con la sonrisa ancha, y sin que no cuente en aquel preciso instante lo largo y complicado que puede haber sido el camino hasta llegar al fin. Algo que muy bien saben la banda barcelonesa, aunque con multinacionales orígenes, Berlinist, y la agencia Unpictured, con el incombustible José Miguel Garanto a la cabeza. Ambos llevaban tiempo planeando, diseñando y mimando dos conciertos muy especiales para los días 18 y 19 de marzo en el Teatre Almeria de Barcelona. Mucho trabajo y dedicación entusiasta. Una palabra que servidor siempre tiene en la boca (en este caso en las yemas de los dedos), pero que describe a la perfección la dedicación desinteresada y admirable que algunos tienen para con la música.

Dos fechas, pues, señaladas en el calendario de Berlinist como citas muy importantes. Y la primera de ellas, el pasado lunes, no acabó lo bien que tenía que hacerlo. A Los veinticinco minutos de empezar el concierto, una persona del público sufrió una lipotimia y el espectáculo tuvo que suspenderse para poder centrar toda la atención necesaria hacia esa persona. Por fortuna todo acabó bien y no hubo que lamentar nada más que la cancelación del evento. Al día siguiente, la segunda cita en el Almeria Teatre adquiría tintes de final. De partido a cara o cruz. Los ingredientes iban disponiéndose de la manera esperada. El público ocupando prácticamente la totalidad de la sala. El pequeño escenario situado en el centro de las butacas, a ras de suelo. Rodeado por los cuatro costados por las filas de asientos poblados por amigos y expectantes seguidores. Un set prácticamente sin amplificaciones formando un cuadrado lleno de magia. Los asistentes podían ver a los músicos por todos los costados. A algunos le tocaba la espalda de la cantante y a otros el lado derecho del pianista. Intimismo y cercanía. Delante de sus ojos y acechando harmoniosamente sus oídos, ocho músicos, con Marco Alba a la cabeza, un piano, dos órganos, dos violines, un violoncello, un bajo, una batería, una viola de rueda, unas campanillas de colores y algunos instrumentos más que solo deben conocer por el nombre algunos ‘luthiers’ con pedigrí.

Todo preparado y bien afinado para arrancar el concierto. Una sucesión de canciones de belleza arrebatadora y emocionante ejecución. Todos los instrumentos sumándose de forma milimétrica al conjunto. El destellante piano principal, la precisa y preciosa voz de Gemma Gamarra (de aquellas que dejan a uno con la cabeza ligeramente ladeada y la boca no tan ligeramente abierta), los litúrgicos órganos y los juguetones y vibrantes violines. Y la batería, sin tener mucho protagonismo, conseguía unos impagables instantes de épica cuando dejaba repicar su presencia. Una atmosfera bella, grandilocuente y tan emocionante, en definitiva. Pasajes de gran musicalidad y de robusta fragilidad que fácilmente nos lleva a la mente hacia Sigur Rós. Y también hasta las montañas de Wisconsin y la personal voz de Bon Iver. Aunque esto último sea por la peculiar entonación al cantar de Marco Alba, que nos hace evocar demasiado al cantante norte-americano. Quizás el único pequeño pero, junto a la brevedad del espectáculo. Algo más de cuarenta y cinco minutos que saben a poco. Pero esto es algo lógico a saber del poco tiempo que lleva la banda en activo. La solución, con más y buenas composiciones, nos la traerá seguramente el infalible paso del tiempo.

Así pues, una velada intensa y esencialmente bella. Melodías que ejecutan con sincronía militar el encogimiento estomacal y la llamada a formar filas del bello de los brazos. Un paseo por el mundo propio de Berlinist. Formado de instrumentos añejos, semblantes serios pero amigables, vestidos casi de época, altas cuotas instrumentales y profesionalidad relevante. Un imaginario que el pasado martes dejó tan buen sabor de boca a los presentes en el Almeria Teatre. Que sembró también sonoros aplausos para un recital pulcramente ejecutado, que tuvo sus cimas con las dos canciones que forman su EP de presentación, ‘Landscapes’ y ‘Hold me tight’, y la que nos llevó hacia el final del concierto, la ensoñadora ‘Ollie falls asleep’. Crestas de un repertorio aún corto pero vigoroso. Elegante y nacarado. Berlinist son ya una realidad y auguran muy buenas cosechas para el futuro.

Bandcamp | Berlinist

Texto | Oscar Villalibre
Fotos | Dani Cantó

[Crónica] Illa Carolina en Barcelona Heliogàbal, 18 de octubre de 2012 | Binaural.es


[Crónica] Illa Carolina en Barcelona Heliogàbal, 18 de octubre de 2012 | Binaural.es.

Jueves de mediados de octubre. El otoño quiere marcar músculo con lluvias intermitentes. Pero la temperatura sigue quitándole la razón al calendario. A pesar de ello, cielo gris y pequeños charcos en las calles. Una postal que podría llevarnos a ciudades amadas por su sonoridad como Glasgow. Marco hecho a medida para una banda comoIlla Carolina. La formación que se gusta de tener influencias muy escocesas y de ese aire británico industrial de los 80’s. Referencias que no han de ser regaladas en vano, pero que estos chicos parecen haber acuñado con mérito. Ello es lo que se desprende después de escuchar su primer LP, titulado ‘Illa Carolina’, (LAV Records/Buenritmo, 2012). Un puñado de canciones precisas, pop de alta presión atmosférica ambiental. Rabia, sentimiento y vísceras servidos en sincopadas cápsulas de tres minutos.

Un disco, que cosas de la promoción, lleva unos días andando y algunos directos en las espaldas. Pero la presentación oficial estaba reservada para este jueves lluvioso de octubre en Barcelona. El a veces pequeño Heliogábal estaba lleno de amigos, conocidos y compañeros de batalla. Caras sonrientes para ver a esta joven formación, a la que los tímpanos selectos auguran buen futuro. Illa Carolina salieron al escenario improvisado con las ganas marcadas en sus caras. Había camisas de cuadros, zapatos elegantes, vestidos ceñidos y camisetas de tirantes. Como la que lucía Aleix Prats, guitarra e ingeniero del sonido “carolino”. Vestido como un mecánico, con imperio y pantalón de trabajo, porqué eso parece ser lo suyo. Mancharse de aceite de motor, dejarse lametazos de grasa en la cara, después de meterse en el barro. Trastear las seis cuerdas, dirigir el buque desde la sala de máquinas. Pisar la trinchera para pilotar un sonido que nos lleve a tantos buenos grupos a la memoria. Tarea de engranaje elegantemente combinada con el brillo de Carol Badillo en el escenario. Sonrisa ancha, talento para pulir y ebullición en el escenario. Un hervor a agradecer cuando da puntadas de pie en el suelo para gritar sin chillar y sus letras lo requieren. Aunque la sensibilidad estomacal tiene dobles vertientes. La emoción puede llegar a derramarse y convertirse en lágrimas. Momentos complejos de digerir pero que seguramente serán de fácil corrección con el lógico paso del tiempo sobre los escenarios.

Así pues, cerebro y músculo, en la línea flotante de Illa Carolina para presentar su cada vez más poblado repertorio. Piezas de su flamante disco, combinadas con otras de sus anteriores demos, como las tempranas ‘La caixa negra’ o ‘El soldat plantat’, que sonaron pronto, cuando la maquinaria empezaba a engrasarse. Un inicio, pues, un poco en frío, quizás falto de sinergias y complicidades, con desajustes de sonido añadidos. A la postre, elementos comunes en conciertos de presentación que pueden ser una miga en el ojo en el presente, pero un balcón con vistas más relucientes para el futuro. Dudas y emociones desbordantes que acabaron disipándose llegando al ecuador del recital. Delicadas pero vigorizantes piezas como ‘És esgotador (fer-me tant el valent)’ o ‘Res a agrair’ sirvieron para reflotar las coordenadas de navegación y sentir que el pop empezaba a fluir en su esférica génesis. Empuje que llevó a Illa Carolina hacia las que seguramente son las mejores canciones en su haber. Pequeños himnos domésticos como ‘Als peus del foc’, canción que parece empezar a caminar sola como referente de la banda. Como ‘Rei Tritó’, con su vigorosidad de baterías repicantes cual western de Sergio Leone. O ‘L’antàrtica’, esa pieza agradable y cristalina que se acomoda como algodones en los oídos y que parece relatar las aventuras de Joel Fleischman en ‘Doctor en Alaska’.

Normalidad y serenidad adquirida. Coros en el público y chicas cantando algunos estribillos. Pista de despegue propicia para encarar la recta final con la artillería pesada a punto para quitarle el cerrojo de seguridad. Entonces llegaron los teclados electrizantes de ‘Em quedo els teus pecats’ o la barbaridad de single en ciernes que parece ‘La cursa d’honor’. Esta última pieza de cotización para las radios como sencillo perfecto si éstas se dedicaran a radiar bombazos como el que significa esta canción. Pero estas cosas de momento no suelen sucederse mucho en estos lares, y los conciertos en vivo y la música sincera siguen siendo platos de consumo que no tantos pretenden degustar. Porqué Illa Carolina son emocionales y gastan referencias gigantescas. Ello solo cabe verse con las dos covers que los carolinos regalaron a los presentes para dar por cerrado su concierto de presentación. Primero una magnífica versión del ‘Driving’ de Everything But The Girl que les luce como anillo al dedo; y finalmente una pausada revisión del ‘Va com va’ de Ovidi Montllor. Sí, uno de aquellos héroes locales que no muchos se atreven a mentar, por desgracia.

Así pues, pleitesía y gusto por los clásicos. Ganas y vísceras desparramadas en el escenario. Pura emoción, desbordada a veces, al servicio de la tierra prometida del pop. Porqué seguimos sin saber si el pop nos hará libres, pero sí sabemos que hay que dar soporte a bandas en ciernes como Illa Carolina. Por ser vecinos, por hablar un mismo idioma conceptual y por tener tan buenos referentes que esperemos les lleves a más canciones, más y mejores directos y mucho futuro para contar.

Texto | Oscar Villalibre
Fotos | Martí Pujades, Sheila Iglesias

 

Crónica del festival Pròxims en el Poble Espanyol de Barcelona | Waaau TV


Crónica del festival Pròxims en el Poble Espanyol de Barcelona | Waaau TV.

El festival Pròxims celebró ayer su segunda edición en el Poble Espanyol de Barcelona, la primera de las tres citas que tiene previsto celebrar a lo largo del verano, puesto que le seguirá otra en Begur el cuatro de agosto y otra el día diecisiete en Porta Ferrada. La velada de ayer dejó con buenas sensaciones a los asistentes, aunque con el interrogante planeando encima de sus cabezas de si llegará a celebrarse una tercera edición. El Pròxims no consiguió llenar la plaza central del Poble Espanyol. El tránsito dentro del espacio era muy cómodo y no se formaron colas destacables ni en las barras ni en los puestos de comida. Un placer para el asistente y un dubitativo negocio para los organizadores. Veremos como conjugan 2013 y el festival Pròxims.

En el plano musical la jornada empezó a las siete de la tarde con el concierto de Litoral y su propuesto de folk mediterráneo y desenchufado. Les siguieron Surfing Sirles, con el combativo Martí Sales a la cabeza, dejando buena cuenta de su punk energético y contestatario. Cuando empezaba a ponerse el día llegaron La Iaia, que fueron los primeros en reunir un público considerable. El trío de Vic presentó las canciones de su disco debut ‘Les ratlles del banyador’, su primer trabajo después de conseguir asomar la cabeza ganando el concurso de talentos Sona 9. La Iaia se mostraron correctos y fueron capaces de dar vigorosidad y cuerpo a sus canciones, con un punto más energético de lo que deja verse en su disco. Además, aderezaron su directo con cañones de confeti y una versión de Antònia Font que se llevó la ovación y el coro por parte del público. Posteriormente llegó el turno de Maika Makovski y su portentosa banda llena de buenos músicos. La mallorquina dirigió desde la primera línea de fuego, armada con teclados, guitarra y micrófono, el combo de rock y actitud añeja que destila su directo. Makovski dejó ver todo el magnetismo que atesora y su capacidad para despertar el ritmo entre los más mandriles. Ella y su banda repasaron los temas de el que es ya su quinto álbum ‘Thank you for the boots’, sin olvidar temas ya clásicos como su ‘Lava love’, la canción oscura y musculada que nos recuerda tanto a la televisiva ‘True blood’.

El Pròxims seguía desarrollándose con pulcra puntualidad y los artistas seguían subiéndose al escenario. Esta vez, pero, lo hicieron todos a la vez. Los organizadores del festival, acompañados por todos los participantes artísticos, se juntaron encima la tarima para leer un comunicado contra la subida del IVA que afectará, entre otros, a los productos culturales. El cantante de Mishima, David Carabén, leyó un comunicado conjunto que mostraba la preocupación y el rechazo del sector cultural a las políticas de subida de impuestos puestas en marcha por parte del Gobierno español. Carabén acabó de leer el texto con un elocuente “Quina merda!” (Menuda mierda!) que arrancó el aplauso de los asistentes. Después Martí Sales, frontman de Surfing Sirles, leyó un fragmento de Joan Brossa que llamaba a la movilización social para parar este exabrupto político. Aplausos y algún tímido pero firme puño al aire.

Pasada la reclama unitaria fue el turno para The New Raemon. Ramon Rodríguez repasó de forma elegante y dinámico todos y cada uno de sus trabajos, incluso su ‘EP’s reunidos’ y su proyecto colaborativo con Francisco Nixon y Ricardo Vicente. Sus canciones sonaron vigorosas gracias, especialmente, a la calidad atesorada por el grupo de músicos que le acompañan. The New Raemon, a pesar de presentar una propuesta un poco descontextualizada para casi cerrar el cartel, ofreció un muy buen concierto recordando toda la extensa lista de clásicos que le acompañan. A él y a unos cuantos, que hace tiempo que se ven reflejados en sus letras de desamor y desespero. ‘La cafetera’ o ‘Sucedáneos’ fueron dos de las que se llevaron mayores coros y a reafirmaciones con la cabeza entre el público. Así pues, cruzamos la medianoche para llegar el encuentro que todo el mundo esperaba, cual grupo de esplai caminando hacia la cima de un pico. Mishima llegaron puntuales y pletóricos. Abordando un set similar al de su gira de presentación de su último disco, ‘L’amor feliç’, que les está llevando por todo el territorio. Los chicos de Carabén ejercieron a la perfección su papel estelar que les tenía reservado el Pròxims. Cada vez más acomodados en la cohabitación con escenarios grandes, con público entregado. Ejecutando coral y profesionalmente todas sus piezas de pop luminoso. Abordando la mayoría de cortes de su reciente LP, sin olvidar la larga lista de clásicos que van acumulando al largo de los años. Canciones como ‘Un tros de fang’, ‘Miquel a l’accés 14’ o ‘Qui n’ha begut’, que con el paso del tiempo van atesorando patina épica y aroma de hit referencial. Entre las nuevas composiciones destacar gigantescas melodías como ‘Els crits’, ‘La vella ferida’ o ‘No obeir’. Esta última que llega ya acompañada con coros del público, de corte hooligan, y que llevan la senda de convertirse en santo y seña de sus directos. Largos aplausos, dos bises, y ovación justificada. Mishima son el mástil y el espejo dónde se refleja la actual escena Barcelona.

Con ello, finalmente, llegó el cierre de este Pròxims 2012. Una propuesta con buenas intenciones y corta vida, de la que se plantean dudas para venideras ediciones, vista la mejorable presencia de público y el abarrotado calendario festivalero en nuestro país. El futuro dictará sentencia, pero mientras tanto ya hay dos ediciones exitosas en el recuerdo y un buen repaso artístico a la actual escena musical independiente de “casa nostra”.