[Crónica] Mishima en Mataró (10 de mayo 2013) | Binaural.es


Hace poco más de un año que veía la luz ‘L’amor feliç’ (The Rest is Silence, 2012), el sexto disco de Mishima. Y la banda catalana sigue rodando presentando sus nuevas viejas canciones por todo el territorio. Una gira extensa que muestra como los grupos, por muy doradas que sean las letras con que se escriben sus nombres, tienen que sudar y bregar en los escenarios para ganarse el poco pan que reparte la industria musical. La cita de ayer era en la Sala Clap de Mataró, un escenario que ha visto pasar muchos y buenos nombres. El recinto no estaba lleno hasta los topes pero presentaba una muy buena entrada, con casi tres cuartos del espacio llenos. La genealogía del público que acude a los conciertos de Mishima es algo bastante descriptivo de lo está llegando a ser esta banda. Mayoría abrumadora de féminas, de novios acompañantes que no se esconden en cantar las letras, y de gente cada vez más joven. Quizás el que les escribe se haga cada día más viejo, de acuerdo, pero es reseñable como son cada vez más benjaminas las chicas que ponen gesto embelesado y se atreven a gritar ‘Carabén president!’, con tintes hormonales descabalados.

Un público, pues, fiel, entregado y muy predispuesto. Que aplaudió la salida al escenario de David, Marc, Dani, Xavi y Alfons con entusiasmo. Pronto los Mishima se pusieron el mono de trabajo empezando con una electrizante interpretación de ‘Tornaràs a tremolar’. Descarga portentosa de seis cuerdas y percutación militar de la sección rítmica. Seguidamente llegó pronto la revisión de los trabajos más primerizos cantados en catalán (siguen ignorando completamente sus dos primeros discos anglófonos, y cada día más su primer disco cantado en lengua vernácula, el antológico ‘Trucar a casa, recollir les fotos, pagar la multa’) pidiendo al público cantar los coros de ‘El temple’. Ceremonia recurrente en las homilías pop del Padre Carabén. Y que así sea, por los siglos de los siglos. Posteriormente, con el respetable cada vez más entonado, la banda barcelonesa empezó a meter mano a las composiciones de su último disco. Piezas magníficas y de categoría ascendente como ‘Els crits’ o la juguetona ‘Els vespres verds’.

Cuarta marcha puesta y velocidad de crucero elevada. Mishima pilotan sus conciertos con la seguridad del que se conoce la carretera de memoria. Con las bondades y las maldades que ello comporta. Así encararon la primera cima hedonista con ‘L’olor de la nit’, donde la gente gritó su emblemático “follem” como si un orgasmo hubieran tenido. Éste fue el preludio de la primera remesa de hits ya clásicos de la banda, y seguramente de todo el pop catalán, con ‘Miquel a l’accés 14’ (canción que deberían enseñar en las escuelas por su carácter de neófita en esto de cantar costumbrismo en catalán de forma desacomplejada); la reina de la metáfora romántica ‘Set tota la vida’; ‘L’última ressaca’, la última en colarse en esta lista de imprescindibles; y la brillantemente perfecta ‘Un tros de fang’. Una batería continua de canciones que han crecido junto a la banda, que han devenido seres con conciencia propia. Y que fue cerrada con ‘Tot torna a començar’, la composición que mejor resume lo que hoy en día ha llegado a ser Mishima: épica, lírica exquisita, músculo compositivo y carácter de grandeza.

Todo ello condujo hasta los bises y el inicio del final de la velada. Los músicos desaparecieron del escenario y el público empezó a reclamar su presencia cantando los hooliganistas coros de ‘No obeir’ (futuro clásico), mezclándolos con proclamas políticas que resultan complejas de calzar en un concierto como el de Mishima. Madrugada y soberanía populista, que quieren. Entonces la banda volvió al escenario para dar los últimos coletazos a la velada con una revisión de la exponencialmente melancólica ‘Ningú m’espera’, aderezada con unos relámpagos guitarreros heroicos de Dani Vega, al más puro estilo Brian May. A ella le siguieron ‘No existeix l’amor feliç’ y la demandada ‘No obeir’, con el gentío entregado al oficio del coro ronco, el baile desacompasado y la levitación espasmódica de brazos. Rituales conocidos, repetidos, pero no por ello menos divertidos. Y Mishima habían dado un nuevo concierto, una nueva muestra de sus capacidades. Son muy buenos. Esperemos que se pongan más pronto que tarde a modelar nuevas canciones. Las necesitamos.

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Entrevista a David Carabén Mishima. Escribir, cantar y la conjugación de otros verbos | Binaural.es


Entrevista a David Carabén Mishima. Escribir, cantar y la conjugación de otros verbos | Binaural.es.

David Carabén es un tipo que sonríe con mucha más abundancia de la que podría esperarse, dada la afectación de algunas de sus canciones. Pero su oficio es el de orfebre pop. Tiene que hablar de cosas importantes, aunque en el día a día sea de aquellos a quién le gusta pasárselo bien. David viste unas gafas portentosas. Unas lentes que Santi Balmes, cantante de Love of Lesbian, dice quererle robar algún día para poder parecerse un poco a él. Y además de vestir bien su miopía, Carabén es el cantante y cara visible de Mishima. Grupo referencial del pop en catalán, con más de diez años de carrera, y que recientemente ha publicado su sexto disco, ‘L’amor feliç’ (The Rest is Silence/Warner Music, 2012). Un trabajo que llega para reiterar que Mishima son de los mejores en esto de hacer el indie por Catalunya. Trabajo, artesanía y honestidad en la propuesta que les están llevando, poco a poco, a asomar la cabeza fuera de los territorios catalanoparlantes. Prueba de ello es su concierto en la sala Galileo Galilei de Madrid, el pasado 23 de mayo. Tuvieron buena aceptación y el público acabó vitoreándolos. Sobre este hecho, David nos comenta: “Sabemos que hemos crecido, pero no hasta donde. Fuimos a Madrid, a una sala muy acertada, por dimensión, y por ser un lugar con mucha patina, mucha historia. Vinieron más de doscientas personas. Fue un muy buen bolo. Estamos muy contentos. Durante la gira pasada ya estuvimos en Madrid tres veces, pero no sabíamos realmente hasta que punto mantendríamos la tendencia”.

 

 

Hemos quedado con David Carabén para que nos hable del reciente ‘L’amor feliç’ y del proceso creativo de éste. Pero también aprovechamos la charla (y también el buen tiempo que viste la terraza del Eixample barcelonés donde nos encontramos) para disertar sobre la trayectoria de más de una década de Mishima, y sobre la situación actual de la escena indie catalana. David es un hombre educado, que asiente a las preguntas. Le gusta hablar y poder contar cosas. Sus inquietudes son palmarias y variadas. Sus letras están ahí para poder verlo. ‘L’amor feliç’ se despliega como un alegato al amor pop. Al concepto romántico del mismo, que hace mucho más tiempo que existe del que nos pensamos. Sobre el tránsito para crear canciones, Carabén comenta que “cuando tienes un proceso creativo como el mío, en el que realmente la relación entre la vida y la obra es borrosa, no hay una frontera muy clara, y juegas un poco con ello, realmente un disco acaba siendo un retrato de una parte de mi vida, de alguna obsesión que tenga en ese momento, de un tema que me haya cautivado o interesado mucho. En este disco ha sido el amor y, en realidad, la canción popular, el origen de la canción. Porqué en las lecturas que he hecho sobre el origen del amor romántico hay el interés de saber de donde salen las canciones populares y este género que habla del amor romántico. Y resulta que coincide bastante. En el libro de Denis de Rougemont, ‘El amor y occidente’, que es el libro que está detrás del disco, el autor hace coincidir la aparición del concepto de amor romántico con la canción trovadoresca, que es casi el origen de nuestra tradición poética. Entonces es bonito ver como las cosas que tu dabas como puestas aquí durante toda la vida, y tu cultura, pues en realidad tienen una historia, un origen y un porqué.

 

El cantante de Mishima hilvana sus explicaciones y salta de concepto en concepto mediante gráciles piruetas verbales. Cuenta su peculiar proceso de escritura de canciones, que no está compartimentado de disco en disco, sino que su escritura y su búsqueda temática son constantes, y poco a poca va tejiendo piezas poéticas de tres minutos que puede presentar al grupo. Y cuando el conjunto tiene empaque, y las circunstancias son propicias se publican discos. En este sentido, ‘L’amor feliç’ explora el tema universal del amor, un tema ya presenta en la discografía de Mishima, pero también supone una evolución de su sonido. Después del éxito de ‘Ordre y aventura’ (Sones, 2010), la banda catalana no se acomoda en las coordenadas del éxito conocido y da un paso adelante en su evolución sonora. Un hecho que pudo provocar descolocación entre los seguidores en escuchas prematuras del nuevo trabajo. Sobre ello Carabén comenta que “esto es bueno que suceda. Porqué nosotros teníamos la tentación, o el miedo, que después del éxito cosechado nos obligábamos a crecer más. Además yo tengo una auto-exigencia alta, y también una tendencia a escribir sobre cosas mucho más serias de lo que yo realmente soy, que me considero una persona alegre y que le gusta pasarlo bien, por lo que mi música tendría que celebrar más la vida. Muchas veces me doy cuenta que la relación que yo tengo con la música es otra y que tengo tendencia al lamento, a la nostalgia y a ponerme solemne. Entonces para este disco me exigí tener temas más abiertos y alegres. Pero entonces había el miedo que haciendo este esfuerzo acabara saliendo un disco más comercial y fácil (un miedo que, por otra parte, es absurdo porqué en definitiva sería yo); este dilema estaba presente. Pero una vez tuvimos grabadas las seis primeras canciones estábamos muy contentos. Ya creíamos que era lo mejor que habíamos hecho hasta la fecha. Nuestro productor, Paco Loco, nos dijo que estaba satisfecho y nos animó. Y a partir de ese punto ya nos sacamos la espina del miedo a no evolucionar y nos dimos cuenta que era un disco que sonaba muy diferente, y que probablemente al espectador le costaría un poco. Se había convertido en un disco para volver a conquistar a la gente, hasta a nuestros propios seguidores.

 

 

Así pues, un intento claro de Mishima para evolucionar y arriesgar, a un a cuenta de poder equivocarse. Porqué como el propio Carabén añade “cuando un artista te gusta de verdad lo vas siguiendo haga lo que haga. Todo el mundo la puede cagar, y yo a los artistas les pido que lo hagan. Porqué de dos cagadas harás una buena canción. Entonces creo que es una buena señal que a fans de Mishima les haya costado un poco el álbum al principio. Porqué también es bueno que el espectador se sienta inteligente. Que encuentre sus propios argumentos para que le guste la obra, y se conozca a si mismo a través de la canción. Y no que todo sea fácil”. Todo esto a nivel conceptual. Pero, como decíamos en un principio, el sonido ha evolucionado. Y parte de culpa la tiene Paco Loco, con el que ya habían trabajado en sus dos anteriores discos. Sobre esto Carabén explica que “cuando tu trabajas con Paco, vas aprendiendo de él. Aprendes como funciona su estudio, qué sonidos tiene. Al final, yo compongo y el grupo crea teniendo en cuenta su estudio. Todo está más pensado. Todo tiene una línea más clara y está más estructurado. La presencia de un arreglo da paso al otro, sin interrumpirse. Como grupo hemos afinado la puntería a la hora de decidir donde iban los arreglos, donde eran más eficaces.” Esto tiene que ver con la madurez, sin duda. El paso de los años les ha enseñado a Mishima a temperarse y a saber el punto de cocción de las cosas. O dicho más diáfanamente, como señala David, “cuando más joven eres, en más sitios quieres meter tu polla. Y a medida que vas haciéndote mayor ves que muchas veces menos y más.

 

Los años, los discos a la espalda, y el propio peso de la madurez dan empaque a las cosas, y la música no escapa de esta dinámica. El pragmatismo apareciendo en el proceso compositivo de un grupo adulto, como Mishima. Una banda en la que el paso de los años ha provocado cambios. Xavi Caparrós en el bajo y Alfons Serra en la batería han entrado de lleno en este proceso por primera vez, después de estrenarse con el grupo en la gira de ‘Ordre y aventura’. Este hecho, y la largada y buena calidad de esta gira, han provocado que la grabación de ‘L’amor feliç’ haya resultado más sencilla, compactada, según cuenta David Carabén. La experiencia compartida les ha hecho generar complicidades y mecanismos naturales. Además, él nos subraya que son chicos jóvenes y entusiastas y viven la música intensamente; elementos que da un plus cualitativo al conjunto. En definitiva, cambios y procesos que mutan, y que desembocan en maneras diferentes de hacer discos. ¿Pero todo esto también afecta a la hora de preparar y ejecutar los directos? El cantante de Mishima cree que “cada vez la relación entre el disco y el directo es más ajustada, más inmediata. Creo que hay menos diferencias, y el sonido que tenemos como banda se parece más al que existe en el disco. Cuando empiezas tocas fatal en directo y el disco suena mucho mejor. Con el paso del tiempo, el directo lo puedes mejorar pero no encuentras como reproducir el sonido que has conseguido en el disco. Y, posteriormente, consigues que todo acabe relacionándose. Como siempre todo es un aprendizaje.” Sin duda, la experiencia parece poseer un efecto positivo, una vez más. En este ámbito, Mishima van bien servidos, con más de una década de pura militancia musical. Ellos insisten en que todo esto es una pasión y que nadie se ha hecho rico precisamente. Se autodefinen como artesanos. Con la humildad y la perseverancia que conlleva el concepto. Aún así, Carabén ilumina la mirada cuando se le pregunta sobre estos años. Explica con alegría que es una gozada vivirlo, y que la música pasa a ser un mecanismo vital. Algo a lo que le das y te recompensa. “La guitarra, cuanto más practicas, cuanto más le das, más te devuelve. Esto es muy chulo. Hay pocas cosas en la vida en las que tú vayas poniendo pasta y pasta, horas y horas, y el retorno sea cada vez mejor. Esto es una pasada porqué normalmente pasa lo contrario. Como con la droga y el alcohol, que vas gastando y gastando y cada vez te afecta menos. En cambio, con la música es cada vez mejor. Cada vez viene más gente a los conciertos, dominas más tu técnica, conoces más tus límites y quieres explorarlos de una forma más sana, tienes menos complejos, te lo pasas mejor tocando. O sea, que cada vez es mejor”.

 

 

Mishima son maduros. Mediocampistas de largo recorrido. Con amor por el toque de balón y la fluidez virtuosa. La mayoría de las veces suelen salir al escenario todos con camisa. Porqué Mishima es un grupo que tiene que escucharse con camisa. La prenda popular por excelencia. La transversalidad textil. Llevada por el ilustrado y por el payés. Quizás las camisas, quizás las gafas, quizás el hablar de cosas que otros no hacen les ha hecho ganarse una imagen de intelectuales. En el sentido negativo, que es como se usa en este país el término. Acercándose a estas observaciones Carabén nos dice que “en definitiva nosotros hacemos pop; canciones que se acercan a los tres minutos y con el propósito que las pueda entender todo el mundo. Entonces si tú te dedicas a una disciplina concreta, lo haces porqué seguramente en ella has encontrado obras o artistas que te han atraído mucho, y que no han renunciado a hablar de nada. Entonces pienso que la música es así. Con una canción puedes explicarte la vida, puede contener la vida. Yo no quiero renunciar a nada a la hora de escribir canciones y entonces, necesariamente, hay una parte de complejidad o de cierta sofisticación que puede ser molesta muchas veces, pero creo que es fundamental no renunciar a hablar de nada. Así que el resultado es una mezcla entre no renunciar a tocar ningún tema pero en un formato de canción popular. En definitiva has de encontrar la medida entre la forma y el tema”. Siguiendo el hilo de esta reflexión, la conversa nos lleva hacia las etiquetas y las comparaciones. Territorio facundo para el periodista y zona de purga para el artista. En este sentido, Carabén reflexiona que “en este país el rock aún lleva el San Benito de estar relacionado con la adolescencia. Contiene demasiados valores de construcción personal. De aprender a construir tu identidad, a saber relacionarte con las mujeres, con las personas de tu mismo sexo, etc. Cuando es solo esto, y no un producto cultural, una obra de arte, implica que tengas que despreciar unas cosas y enaltecer otras, ser muy apasionado. Las decisiones y las apuestas de la crítica de aquí son casi carismáticas y viscerales. En cambio hay otros medios que no funcionan así y son más abiertos. Cuando yo era joven recuerdo que se decía aquí que Queen no se podía escuchar, o que los heavys eran unos horteras. Pero parémonos a pensar. Todo tendrá cosas buenas, digo yo. En definitiva, si hay alguien lo suficientemente inteligente para explicarme que ciertas cosas tienen aspectos que a mí me pueden gustar, le escucharé. Esta es la crítica que a mí me gusta. Gasta tu inteligencia en hacerme descubrir cosas. No la gastes para cargarte a un grupo a un artista, porqué es lo más fácil del mundo”.

 

Artistas con criterio y capacidad crítica. Dios los bendiga. Arqueros dispuestos a poner una flecha donde el que pregunta ha puesto una diana. Por eso, aprovechamos para preguntar a David Carabén sobre la situación de la escena catalana, de la que todos nos llenamos la boca de un tiempo a esta parte. ¿Por qué ahora? Preguntamos qué elemento ha hecho florecer tantas bandas como Manel, Standstill, Love of Lesbian o los mismos Mishima. David apunta que “la clave está en el público. La gente ha tenido ganas de oír cantar en la propia lengua. Y es un público nuevo, relativamente joven, con mayor acceso a la cultura. Entonces más predispuestos a un tipo de producto más especial, más intelectual, más local, para el que tienen oídos. Cuando ya han agotado todo lo demás llegan a ello. Una persona con un interés cultural bajo, con un disco de Julio Iglesias pues ya tiene bastante para todo el año. Una persona con muchas inquietudes culturales, el disco de Julio Iglesias ya lo da por escuchado, porqué lo ha oído en el supermercado, y necesita escuchar dos o tres por semana, que acaban siendo ciento y pico al año. De éstos, que veinte sean en el propio idioma y de aquí hace que aparezca un público para estas cosas. De ello que haya grupos que puedan hacer una carrera y acabar generando una escena”. Si hay orejas, hay dedos para las guitarras y habrá grupos. Y en los mismos términos se refiere a la crisis del sector musical. Si la gente compra discos, los grupos ganarán dinero. Y podrán vivir de hacer discos. Además podrán pagar a los fotógrafos, a los diseñadores, etc. Y podrá haber periodistas y críticos que ganen dinero escribiendo. La rueda seguirá girando y creciendo. Pero mientras no llegue el momento, nos quedará el gusto y la militancia. Como el placer de un café con hielo, unas palabras sinceras y todos los discos de Mishima. Siempre.

 

Texto | Oscar Villalibre
Fotos | Pau Pericas