[Crónica] Illa Carolina en Barcelona Heliogàbal, 18 de octubre de 2012 | Binaural.es


[Crónica] Illa Carolina en Barcelona Heliogàbal, 18 de octubre de 2012 | Binaural.es.

Jueves de mediados de octubre. El otoño quiere marcar músculo con lluvias intermitentes. Pero la temperatura sigue quitándole la razón al calendario. A pesar de ello, cielo gris y pequeños charcos en las calles. Una postal que podría llevarnos a ciudades amadas por su sonoridad como Glasgow. Marco hecho a medida para una banda comoIlla Carolina. La formación que se gusta de tener influencias muy escocesas y de ese aire británico industrial de los 80’s. Referencias que no han de ser regaladas en vano, pero que estos chicos parecen haber acuñado con mérito. Ello es lo que se desprende después de escuchar su primer LP, titulado ‘Illa Carolina’, (LAV Records/Buenritmo, 2012). Un puñado de canciones precisas, pop de alta presión atmosférica ambiental. Rabia, sentimiento y vísceras servidos en sincopadas cápsulas de tres minutos.

Un disco, que cosas de la promoción, lleva unos días andando y algunos directos en las espaldas. Pero la presentación oficial estaba reservada para este jueves lluvioso de octubre en Barcelona. El a veces pequeño Heliogábal estaba lleno de amigos, conocidos y compañeros de batalla. Caras sonrientes para ver a esta joven formación, a la que los tímpanos selectos auguran buen futuro. Illa Carolina salieron al escenario improvisado con las ganas marcadas en sus caras. Había camisas de cuadros, zapatos elegantes, vestidos ceñidos y camisetas de tirantes. Como la que lucía Aleix Prats, guitarra e ingeniero del sonido “carolino”. Vestido como un mecánico, con imperio y pantalón de trabajo, porqué eso parece ser lo suyo. Mancharse de aceite de motor, dejarse lametazos de grasa en la cara, después de meterse en el barro. Trastear las seis cuerdas, dirigir el buque desde la sala de máquinas. Pisar la trinchera para pilotar un sonido que nos lleve a tantos buenos grupos a la memoria. Tarea de engranaje elegantemente combinada con el brillo de Carol Badillo en el escenario. Sonrisa ancha, talento para pulir y ebullición en el escenario. Un hervor a agradecer cuando da puntadas de pie en el suelo para gritar sin chillar y sus letras lo requieren. Aunque la sensibilidad estomacal tiene dobles vertientes. La emoción puede llegar a derramarse y convertirse en lágrimas. Momentos complejos de digerir pero que seguramente serán de fácil corrección con el lógico paso del tiempo sobre los escenarios.

Así pues, cerebro y músculo, en la línea flotante de Illa Carolina para presentar su cada vez más poblado repertorio. Piezas de su flamante disco, combinadas con otras de sus anteriores demos, como las tempranas ‘La caixa negra’ o ‘El soldat plantat’, que sonaron pronto, cuando la maquinaria empezaba a engrasarse. Un inicio, pues, un poco en frío, quizás falto de sinergias y complicidades, con desajustes de sonido añadidos. A la postre, elementos comunes en conciertos de presentación que pueden ser una miga en el ojo en el presente, pero un balcón con vistas más relucientes para el futuro. Dudas y emociones desbordantes que acabaron disipándose llegando al ecuador del recital. Delicadas pero vigorizantes piezas como ‘És esgotador (fer-me tant el valent)’ o ‘Res a agrair’ sirvieron para reflotar las coordenadas de navegación y sentir que el pop empezaba a fluir en su esférica génesis. Empuje que llevó a Illa Carolina hacia las que seguramente son las mejores canciones en su haber. Pequeños himnos domésticos como ‘Als peus del foc’, canción que parece empezar a caminar sola como referente de la banda. Como ‘Rei Tritó’, con su vigorosidad de baterías repicantes cual western de Sergio Leone. O ‘L’antàrtica’, esa pieza agradable y cristalina que se acomoda como algodones en los oídos y que parece relatar las aventuras de Joel Fleischman en ‘Doctor en Alaska’.

Normalidad y serenidad adquirida. Coros en el público y chicas cantando algunos estribillos. Pista de despegue propicia para encarar la recta final con la artillería pesada a punto para quitarle el cerrojo de seguridad. Entonces llegaron los teclados electrizantes de ‘Em quedo els teus pecats’ o la barbaridad de single en ciernes que parece ‘La cursa d’honor’. Esta última pieza de cotización para las radios como sencillo perfecto si éstas se dedicaran a radiar bombazos como el que significa esta canción. Pero estas cosas de momento no suelen sucederse mucho en estos lares, y los conciertos en vivo y la música sincera siguen siendo platos de consumo que no tantos pretenden degustar. Porqué Illa Carolina son emocionales y gastan referencias gigantescas. Ello solo cabe verse con las dos covers que los carolinos regalaron a los presentes para dar por cerrado su concierto de presentación. Primero una magnífica versión del ‘Driving’ de Everything But The Girl que les luce como anillo al dedo; y finalmente una pausada revisión del ‘Va com va’ de Ovidi Montllor. Sí, uno de aquellos héroes locales que no muchos se atreven a mentar, por desgracia.

Así pues, pleitesía y gusto por los clásicos. Ganas y vísceras desparramadas en el escenario. Pura emoción, desbordada a veces, al servicio de la tierra prometida del pop. Porqué seguimos sin saber si el pop nos hará libres, pero sí sabemos que hay que dar soporte a bandas en ciernes como Illa Carolina. Por ser vecinos, por hablar un mismo idioma conceptual y por tener tan buenos referentes que esperemos les lleves a más canciones, más y mejores directos y mucho futuro para contar.

Texto | Oscar Villalibre
Fotos | Martí Pujades, Sheila Iglesias