[Crónica] Mishima en Mataró (10 de mayo 2013) | Binaural.es


Hace poco más de un año que veía la luz ‘L’amor feliç’ (The Rest is Silence, 2012), el sexto disco de Mishima. Y la banda catalana sigue rodando presentando sus nuevas viejas canciones por todo el territorio. Una gira extensa que muestra como los grupos, por muy doradas que sean las letras con que se escriben sus nombres, tienen que sudar y bregar en los escenarios para ganarse el poco pan que reparte la industria musical. La cita de ayer era en la Sala Clap de Mataró, un escenario que ha visto pasar muchos y buenos nombres. El recinto no estaba lleno hasta los topes pero presentaba una muy buena entrada, con casi tres cuartos del espacio llenos. La genealogía del público que acude a los conciertos de Mishima es algo bastante descriptivo de lo está llegando a ser esta banda. Mayoría abrumadora de féminas, de novios acompañantes que no se esconden en cantar las letras, y de gente cada vez más joven. Quizás el que les escribe se haga cada día más viejo, de acuerdo, pero es reseñable como son cada vez más benjaminas las chicas que ponen gesto embelesado y se atreven a gritar ‘Carabén president!’, con tintes hormonales descabalados.

Un público, pues, fiel, entregado y muy predispuesto. Que aplaudió la salida al escenario de David, Marc, Dani, Xavi y Alfons con entusiasmo. Pronto los Mishima se pusieron el mono de trabajo empezando con una electrizante interpretación de ‘Tornaràs a tremolar’. Descarga portentosa de seis cuerdas y percutación militar de la sección rítmica. Seguidamente llegó pronto la revisión de los trabajos más primerizos cantados en catalán (siguen ignorando completamente sus dos primeros discos anglófonos, y cada día más su primer disco cantado en lengua vernácula, el antológico ‘Trucar a casa, recollir les fotos, pagar la multa’) pidiendo al público cantar los coros de ‘El temple’. Ceremonia recurrente en las homilías pop del Padre Carabén. Y que así sea, por los siglos de los siglos. Posteriormente, con el respetable cada vez más entonado, la banda barcelonesa empezó a meter mano a las composiciones de su último disco. Piezas magníficas y de categoría ascendente como ‘Els crits’ o la juguetona ‘Els vespres verds’.

Cuarta marcha puesta y velocidad de crucero elevada. Mishima pilotan sus conciertos con la seguridad del que se conoce la carretera de memoria. Con las bondades y las maldades que ello comporta. Así encararon la primera cima hedonista con ‘L’olor de la nit’, donde la gente gritó su emblemático “follem” como si un orgasmo hubieran tenido. Éste fue el preludio de la primera remesa de hits ya clásicos de la banda, y seguramente de todo el pop catalán, con ‘Miquel a l’accés 14’ (canción que deberían enseñar en las escuelas por su carácter de neófita en esto de cantar costumbrismo en catalán de forma desacomplejada); la reina de la metáfora romántica ‘Set tota la vida’; ‘L’última ressaca’, la última en colarse en esta lista de imprescindibles; y la brillantemente perfecta ‘Un tros de fang’. Una batería continua de canciones que han crecido junto a la banda, que han devenido seres con conciencia propia. Y que fue cerrada con ‘Tot torna a començar’, la composición que mejor resume lo que hoy en día ha llegado a ser Mishima: épica, lírica exquisita, músculo compositivo y carácter de grandeza.

Todo ello condujo hasta los bises y el inicio del final de la velada. Los músicos desaparecieron del escenario y el público empezó a reclamar su presencia cantando los hooliganistas coros de ‘No obeir’ (futuro clásico), mezclándolos con proclamas políticas que resultan complejas de calzar en un concierto como el de Mishima. Madrugada y soberanía populista, que quieren. Entonces la banda volvió al escenario para dar los últimos coletazos a la velada con una revisión de la exponencialmente melancólica ‘Ningú m’espera’, aderezada con unos relámpagos guitarreros heroicos de Dani Vega, al más puro estilo Brian May. A ella le siguieron ‘No existeix l’amor feliç’ y la demandada ‘No obeir’, con el gentío entregado al oficio del coro ronco, el baile desacompasado y la levitación espasmódica de brazos. Rituales conocidos, repetidos, pero no por ello menos divertidos. Y Mishima habían dado un nuevo concierto, una nueva muestra de sus capacidades. Son muy buenos. Esperemos que se pongan más pronto que tarde a modelar nuevas canciones. Las necesitamos.

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Entrevista a Marc Lloret, director artístico del Mercat de Música Viva de Vic | Waaau TV


Entrevista a Marc Lloret, director artístico del Mercat de Música Viva de Vic | Waaau TV.

 

Marc Lloret puede parecer un tipo serio. Su apariencia elegante junto su cadencia al hablar pueden otorgarle solemnidad a su presencia. Pero de sus palabras se desprende una afilada mirada y una capacidad ancha para el humor más serio. No habla lento, solo despacio. Tiene voz grave y lleva muchos años metido en el negocio de la música, tanto en el mostrador (como teclista de Mishima y frontman de la extinta Felicidadblanch) como en la rebotica (es director artístico del Mercat de Música Viva de Vic y codirector del festival PopArb). Lloret, pues, goza o sufre, según como se mire, de la cualidad de pluriempleado. Parece no molestarle. Además se muestra contento con la gira que está llevando a cabo con Mishima presentando su nuevo disco, ‘L’amor feliç’, aunque sin ocultar la preocupación existente por la situación del sector. “Ya llevamos doce años con Mishima. Y el disco nuevo está funcionando muy bien, así como la gira, a pesar de la situación actual, que es penosa. No se venden entradas, hay bolos que caen, no hay dinero público, las salas tienen miedo  de perder dinero. Es difícil conseguir actuaciones con garantías para sobrevivir. Las expectativas eran altas y hemos llegado al mínimo que nos habíamos planteado”.

Sabe lo que ha costado el camino, y con buen ojo crítico lo valora. No sin asumir un paso hacia atrás, en lo que a la imagen del grupo se refiere. Comenta que ya tocaba “dejar de aparecer como teclista de Mishima, con la camiseta del PopArb y la americana del MMVV”. Metáfora textil para dar a entender que su implicación en el proyecto liderado por David Carabén no ha perdido un gramo, pero si su manera de aparecer en los medios. Cosas del pluriempleo, otra vez.

Hablar con Marc Lloret es juntar varias aristas del sector musical. Aparte de tratar con suma elegancia los teclados encima de los escenarios, también lleva mucho tiempo detrás de bambalinas. En el caso del PopArb está en el tinglado casi desde el primer día, después que Anna Cerdà (directora del festival) le contará un día que había que montar algo alrededor de tres grupos que empezaban a despuntar por aquél entonces. Unos tales Guillamino, Antònia Font y Mishima. Acerca de su implicación en dicho evento nos cuenta que “yo solo formo parte de un equipo. Yo no decido qué grupos tocan en el PopArb, sino que lo hacemos entre todos. Yo puedo encargarme de la producción técnica, pero no la ejecuto yo. Todo es muy permeable pero todo el equipo directivo conoce su rol y quién defiende el proyecto institucionalmente y delante de los medios es Anna, porqué es la que le puede dedicar más tiempo, y al fin y al cabo es la que se inventó el nombre y la idea.” Lloret muestra cariño y respeto al hablar del PopArb, una de las joyas de la corona del panorama festivalero catalán. Centrándose en los artistas de casa y primando la calidad a otros elementos, el evento que se celebra en Arbúcies ha conseguido pleno desarrollo y vender todas sus entradas las tres últimas ediciones. “El PopArb ha conseguido conectar con el público, sobretodo centrándose en el músico. Una de las ideas muy claras que teníamos al empezar era dar prioridad al artista y ofrecerle aquellas cosas que en otros festivales no puede hacer, porqué no se le trata como artista sino como grupillo local. Aquí todos son artistas. Y hace que los grupos salgan al escenario con una predisposición diferente, que el público detecta, y se establece una relación que nosotros no hemos inventado ni tan solo provocado. Hemos conseguido dar unas circunstancias idóneas para que se dé esta relación. Con todo, de una de las cosas que nos sentimos más orgullosos es haber colaborado en dignificar y profesionalizar la condición del artista”. A pesar de todo, Marc deja claro que el festival quiere mantener su esencia y no buscar el crecimiento, aunque actualmente, con esta apuesta, el festival no es económicamente sostenible sin contribución pública.

Un modelo de éxito difícil de repetir o exportar al otro de los eventos en los que Marc Lloret se encuentra detrás, como es el Mercat de Música Viva de Vic. A la hora de programar formaciones para este evento, que no es un festival al uso sino un encuentro entre artistas y agentes de contratación, Lloret nos cuenta que “existe una tensión más grande que otros años entre los contratantes y los managers por culpa de la crisis porqué está costando mucho la contratación de artistas, y en este sentido, el MMVV se presenta como una buena oportunidad. Existen muy buenas propuestas artísticas pero la contratación es muy difícil porqué cuesta vender entradas y generar beneficios. Por otra parte, la representación de grupos catalanes es potente y diversa, porqué la escena lo es. La mitad de los grupos programados este año son catalanes y esto es una buena muestra del momento que se está viviendo en este país.”  Asimismo el dulce momento del panorama musical del Principado parece tener una brillantez especial en el mismo Vic, con un puñado de bandas jóvenes, como l’Hereu Escampa, Mates Mates o Furguson, que están poniendo la capital de Osona en el mapa musical. En referencia a este fenómeno, Marc considera que “es un movimiento muy efervescente y emergente, y sobretodo está en un estado muy germinal. Es interesante por la actitud de sus integrantes y el trabajo de sellos como Famèlic. En el MMVV no somos ajenos a este hecho que tiene repercusión incluso internacional, y por eso hemos programado una banda como Mates Mates. Aún así son chicos muy jóvenes y todavía están un poco verdes en directo, y ese debe ser uno de sus atractivos. Esta generación tiene mucho más descaro que los indies que empezaron a salir en este país en los 90’s, que eran más limitados técnicamente y no tenían una puesta en escena tan pensada como espectáculo en si. Nosotros no estamos para valorar el peso de estos fenómenos, sino para ver si estos grupos tienen cabida en nuestro evento”. En definitiva, Lloret insiste en la vertiente analítica y alejada de la pasión a la hora de programar en un festival como el MMVV, donde lo más importante es dar visibilidad a aquellos grupos que pueden vender su espectáculo.

Así pues, vemos que Marc Lloret sabe de lo que habla y como se mueve de forma inteligente y serena por las bastidas del mercado musical. Sus palabras y sus posicionamientos nos sirven para tener una visión amplia del sector. Un sector lleno de dudas por el actual contexto de crisis y de cambio constante, y que vive con aún más interrogantes después de la subida impositiva de los productos culturales. “La subida del IVA al 21% es algo dramático. Es malo porqué todo será más caro y, especialmente, porqué complica la vida a las empresas culturales. El aumento es más del doble. Provocará que más de la mitad de las empresas tengan que cerrar. Si querían recaudar más dinero van a conseguir precisamente lo contrario, propiciando el trabajar en dinero negro. Además se está confundiendo a la gente enviando mensajes de qué la cultura es un lujo y que si lo quiere lo tiene que pagar caro”. Por suerte las palabras sabias siguen libres de impuestos mientras esperamos a ver como todos estos cambios dibujan un futuro con sombras, pero precedido de un presente con claros y esperanzas para el negocio musical.

Oscar Villalibre

Crónica del festival Pròxims en el Poble Espanyol de Barcelona | Waaau TV


Crónica del festival Pròxims en el Poble Espanyol de Barcelona | Waaau TV.

El festival Pròxims celebró ayer su segunda edición en el Poble Espanyol de Barcelona, la primera de las tres citas que tiene previsto celebrar a lo largo del verano, puesto que le seguirá otra en Begur el cuatro de agosto y otra el día diecisiete en Porta Ferrada. La velada de ayer dejó con buenas sensaciones a los asistentes, aunque con el interrogante planeando encima de sus cabezas de si llegará a celebrarse una tercera edición. El Pròxims no consiguió llenar la plaza central del Poble Espanyol. El tránsito dentro del espacio era muy cómodo y no se formaron colas destacables ni en las barras ni en los puestos de comida. Un placer para el asistente y un dubitativo negocio para los organizadores. Veremos como conjugan 2013 y el festival Pròxims.

En el plano musical la jornada empezó a las siete de la tarde con el concierto de Litoral y su propuesto de folk mediterráneo y desenchufado. Les siguieron Surfing Sirles, con el combativo Martí Sales a la cabeza, dejando buena cuenta de su punk energético y contestatario. Cuando empezaba a ponerse el día llegaron La Iaia, que fueron los primeros en reunir un público considerable. El trío de Vic presentó las canciones de su disco debut ‘Les ratlles del banyador’, su primer trabajo después de conseguir asomar la cabeza ganando el concurso de talentos Sona 9. La Iaia se mostraron correctos y fueron capaces de dar vigorosidad y cuerpo a sus canciones, con un punto más energético de lo que deja verse en su disco. Además, aderezaron su directo con cañones de confeti y una versión de Antònia Font que se llevó la ovación y el coro por parte del público. Posteriormente llegó el turno de Maika Makovski y su portentosa banda llena de buenos músicos. La mallorquina dirigió desde la primera línea de fuego, armada con teclados, guitarra y micrófono, el combo de rock y actitud añeja que destila su directo. Makovski dejó ver todo el magnetismo que atesora y su capacidad para despertar el ritmo entre los más mandriles. Ella y su banda repasaron los temas de el que es ya su quinto álbum ‘Thank you for the boots’, sin olvidar temas ya clásicos como su ‘Lava love’, la canción oscura y musculada que nos recuerda tanto a la televisiva ‘True blood’.

El Pròxims seguía desarrollándose con pulcra puntualidad y los artistas seguían subiéndose al escenario. Esta vez, pero, lo hicieron todos a la vez. Los organizadores del festival, acompañados por todos los participantes artísticos, se juntaron encima la tarima para leer un comunicado contra la subida del IVA que afectará, entre otros, a los productos culturales. El cantante de Mishima, David Carabén, leyó un comunicado conjunto que mostraba la preocupación y el rechazo del sector cultural a las políticas de subida de impuestos puestas en marcha por parte del Gobierno español. Carabén acabó de leer el texto con un elocuente “Quina merda!” (Menuda mierda!) que arrancó el aplauso de los asistentes. Después Martí Sales, frontman de Surfing Sirles, leyó un fragmento de Joan Brossa que llamaba a la movilización social para parar este exabrupto político. Aplausos y algún tímido pero firme puño al aire.

Pasada la reclama unitaria fue el turno para The New Raemon. Ramon Rodríguez repasó de forma elegante y dinámico todos y cada uno de sus trabajos, incluso su ‘EP’s reunidos’ y su proyecto colaborativo con Francisco Nixon y Ricardo Vicente. Sus canciones sonaron vigorosas gracias, especialmente, a la calidad atesorada por el grupo de músicos que le acompañan. The New Raemon, a pesar de presentar una propuesta un poco descontextualizada para casi cerrar el cartel, ofreció un muy buen concierto recordando toda la extensa lista de clásicos que le acompañan. A él y a unos cuantos, que hace tiempo que se ven reflejados en sus letras de desamor y desespero. ‘La cafetera’ o ‘Sucedáneos’ fueron dos de las que se llevaron mayores coros y a reafirmaciones con la cabeza entre el público. Así pues, cruzamos la medianoche para llegar el encuentro que todo el mundo esperaba, cual grupo de esplai caminando hacia la cima de un pico. Mishima llegaron puntuales y pletóricos. Abordando un set similar al de su gira de presentación de su último disco, ‘L’amor feliç’, que les está llevando por todo el territorio. Los chicos de Carabén ejercieron a la perfección su papel estelar que les tenía reservado el Pròxims. Cada vez más acomodados en la cohabitación con escenarios grandes, con público entregado. Ejecutando coral y profesionalmente todas sus piezas de pop luminoso. Abordando la mayoría de cortes de su reciente LP, sin olvidar la larga lista de clásicos que van acumulando al largo de los años. Canciones como ‘Un tros de fang’, ‘Miquel a l’accés 14’ o ‘Qui n’ha begut’, que con el paso del tiempo van atesorando patina épica y aroma de hit referencial. Entre las nuevas composiciones destacar gigantescas melodías como ‘Els crits’, ‘La vella ferida’ o ‘No obeir’. Esta última que llega ya acompañada con coros del público, de corte hooligan, y que llevan la senda de convertirse en santo y seña de sus directos. Largos aplausos, dos bises, y ovación justificada. Mishima son el mástil y el espejo dónde se refleja la actual escena Barcelona.

Con ello, finalmente, llegó el cierre de este Pròxims 2012. Una propuesta con buenas intenciones y corta vida, de la que se plantean dudas para venideras ediciones, vista la mejorable presencia de público y el abarrotado calendario festivalero en nuestro país. El futuro dictará sentencia, pero mientras tanto ya hay dos ediciones exitosas en el recuerdo y un buen repaso artístico a la actual escena musical independiente de “casa nostra”.

Entrevista a David Carabén Mishima. Escribir, cantar y la conjugación de otros verbos | Binaural.es


Entrevista a David Carabén Mishima. Escribir, cantar y la conjugación de otros verbos | Binaural.es.

David Carabén es un tipo que sonríe con mucha más abundancia de la que podría esperarse, dada la afectación de algunas de sus canciones. Pero su oficio es el de orfebre pop. Tiene que hablar de cosas importantes, aunque en el día a día sea de aquellos a quién le gusta pasárselo bien. David viste unas gafas portentosas. Unas lentes que Santi Balmes, cantante de Love of Lesbian, dice quererle robar algún día para poder parecerse un poco a él. Y además de vestir bien su miopía, Carabén es el cantante y cara visible de Mishima. Grupo referencial del pop en catalán, con más de diez años de carrera, y que recientemente ha publicado su sexto disco, ‘L’amor feliç’ (The Rest is Silence/Warner Music, 2012). Un trabajo que llega para reiterar que Mishima son de los mejores en esto de hacer el indie por Catalunya. Trabajo, artesanía y honestidad en la propuesta que les están llevando, poco a poco, a asomar la cabeza fuera de los territorios catalanoparlantes. Prueba de ello es su concierto en la sala Galileo Galilei de Madrid, el pasado 23 de mayo. Tuvieron buena aceptación y el público acabó vitoreándolos. Sobre este hecho, David nos comenta: “Sabemos que hemos crecido, pero no hasta donde. Fuimos a Madrid, a una sala muy acertada, por dimensión, y por ser un lugar con mucha patina, mucha historia. Vinieron más de doscientas personas. Fue un muy buen bolo. Estamos muy contentos. Durante la gira pasada ya estuvimos en Madrid tres veces, pero no sabíamos realmente hasta que punto mantendríamos la tendencia”.

 

 

Hemos quedado con David Carabén para que nos hable del reciente ‘L’amor feliç’ y del proceso creativo de éste. Pero también aprovechamos la charla (y también el buen tiempo que viste la terraza del Eixample barcelonés donde nos encontramos) para disertar sobre la trayectoria de más de una década de Mishima, y sobre la situación actual de la escena indie catalana. David es un hombre educado, que asiente a las preguntas. Le gusta hablar y poder contar cosas. Sus inquietudes son palmarias y variadas. Sus letras están ahí para poder verlo. ‘L’amor feliç’ se despliega como un alegato al amor pop. Al concepto romántico del mismo, que hace mucho más tiempo que existe del que nos pensamos. Sobre el tránsito para crear canciones, Carabén comenta que “cuando tienes un proceso creativo como el mío, en el que realmente la relación entre la vida y la obra es borrosa, no hay una frontera muy clara, y juegas un poco con ello, realmente un disco acaba siendo un retrato de una parte de mi vida, de alguna obsesión que tenga en ese momento, de un tema que me haya cautivado o interesado mucho. En este disco ha sido el amor y, en realidad, la canción popular, el origen de la canción. Porqué en las lecturas que he hecho sobre el origen del amor romántico hay el interés de saber de donde salen las canciones populares y este género que habla del amor romántico. Y resulta que coincide bastante. En el libro de Denis de Rougemont, ‘El amor y occidente’, que es el libro que está detrás del disco, el autor hace coincidir la aparición del concepto de amor romántico con la canción trovadoresca, que es casi el origen de nuestra tradición poética. Entonces es bonito ver como las cosas que tu dabas como puestas aquí durante toda la vida, y tu cultura, pues en realidad tienen una historia, un origen y un porqué.

 

El cantante de Mishima hilvana sus explicaciones y salta de concepto en concepto mediante gráciles piruetas verbales. Cuenta su peculiar proceso de escritura de canciones, que no está compartimentado de disco en disco, sino que su escritura y su búsqueda temática son constantes, y poco a poca va tejiendo piezas poéticas de tres minutos que puede presentar al grupo. Y cuando el conjunto tiene empaque, y las circunstancias son propicias se publican discos. En este sentido, ‘L’amor feliç’ explora el tema universal del amor, un tema ya presenta en la discografía de Mishima, pero también supone una evolución de su sonido. Después del éxito de ‘Ordre y aventura’ (Sones, 2010), la banda catalana no se acomoda en las coordenadas del éxito conocido y da un paso adelante en su evolución sonora. Un hecho que pudo provocar descolocación entre los seguidores en escuchas prematuras del nuevo trabajo. Sobre ello Carabén comenta que “esto es bueno que suceda. Porqué nosotros teníamos la tentación, o el miedo, que después del éxito cosechado nos obligábamos a crecer más. Además yo tengo una auto-exigencia alta, y también una tendencia a escribir sobre cosas mucho más serias de lo que yo realmente soy, que me considero una persona alegre y que le gusta pasarlo bien, por lo que mi música tendría que celebrar más la vida. Muchas veces me doy cuenta que la relación que yo tengo con la música es otra y que tengo tendencia al lamento, a la nostalgia y a ponerme solemne. Entonces para este disco me exigí tener temas más abiertos y alegres. Pero entonces había el miedo que haciendo este esfuerzo acabara saliendo un disco más comercial y fácil (un miedo que, por otra parte, es absurdo porqué en definitiva sería yo); este dilema estaba presente. Pero una vez tuvimos grabadas las seis primeras canciones estábamos muy contentos. Ya creíamos que era lo mejor que habíamos hecho hasta la fecha. Nuestro productor, Paco Loco, nos dijo que estaba satisfecho y nos animó. Y a partir de ese punto ya nos sacamos la espina del miedo a no evolucionar y nos dimos cuenta que era un disco que sonaba muy diferente, y que probablemente al espectador le costaría un poco. Se había convertido en un disco para volver a conquistar a la gente, hasta a nuestros propios seguidores.

 

 

Así pues, un intento claro de Mishima para evolucionar y arriesgar, a un a cuenta de poder equivocarse. Porqué como el propio Carabén añade “cuando un artista te gusta de verdad lo vas siguiendo haga lo que haga. Todo el mundo la puede cagar, y yo a los artistas les pido que lo hagan. Porqué de dos cagadas harás una buena canción. Entonces creo que es una buena señal que a fans de Mishima les haya costado un poco el álbum al principio. Porqué también es bueno que el espectador se sienta inteligente. Que encuentre sus propios argumentos para que le guste la obra, y se conozca a si mismo a través de la canción. Y no que todo sea fácil”. Todo esto a nivel conceptual. Pero, como decíamos en un principio, el sonido ha evolucionado. Y parte de culpa la tiene Paco Loco, con el que ya habían trabajado en sus dos anteriores discos. Sobre esto Carabén explica que “cuando tu trabajas con Paco, vas aprendiendo de él. Aprendes como funciona su estudio, qué sonidos tiene. Al final, yo compongo y el grupo crea teniendo en cuenta su estudio. Todo está más pensado. Todo tiene una línea más clara y está más estructurado. La presencia de un arreglo da paso al otro, sin interrumpirse. Como grupo hemos afinado la puntería a la hora de decidir donde iban los arreglos, donde eran más eficaces.” Esto tiene que ver con la madurez, sin duda. El paso de los años les ha enseñado a Mishima a temperarse y a saber el punto de cocción de las cosas. O dicho más diáfanamente, como señala David, “cuando más joven eres, en más sitios quieres meter tu polla. Y a medida que vas haciéndote mayor ves que muchas veces menos y más.

 

Los años, los discos a la espalda, y el propio peso de la madurez dan empaque a las cosas, y la música no escapa de esta dinámica. El pragmatismo apareciendo en el proceso compositivo de un grupo adulto, como Mishima. Una banda en la que el paso de los años ha provocado cambios. Xavi Caparrós en el bajo y Alfons Serra en la batería han entrado de lleno en este proceso por primera vez, después de estrenarse con el grupo en la gira de ‘Ordre y aventura’. Este hecho, y la largada y buena calidad de esta gira, han provocado que la grabación de ‘L’amor feliç’ haya resultado más sencilla, compactada, según cuenta David Carabén. La experiencia compartida les ha hecho generar complicidades y mecanismos naturales. Además, él nos subraya que son chicos jóvenes y entusiastas y viven la música intensamente; elementos que da un plus cualitativo al conjunto. En definitiva, cambios y procesos que mutan, y que desembocan en maneras diferentes de hacer discos. ¿Pero todo esto también afecta a la hora de preparar y ejecutar los directos? El cantante de Mishima cree que “cada vez la relación entre el disco y el directo es más ajustada, más inmediata. Creo que hay menos diferencias, y el sonido que tenemos como banda se parece más al que existe en el disco. Cuando empiezas tocas fatal en directo y el disco suena mucho mejor. Con el paso del tiempo, el directo lo puedes mejorar pero no encuentras como reproducir el sonido que has conseguido en el disco. Y, posteriormente, consigues que todo acabe relacionándose. Como siempre todo es un aprendizaje.” Sin duda, la experiencia parece poseer un efecto positivo, una vez más. En este ámbito, Mishima van bien servidos, con más de una década de pura militancia musical. Ellos insisten en que todo esto es una pasión y que nadie se ha hecho rico precisamente. Se autodefinen como artesanos. Con la humildad y la perseverancia que conlleva el concepto. Aún así, Carabén ilumina la mirada cuando se le pregunta sobre estos años. Explica con alegría que es una gozada vivirlo, y que la música pasa a ser un mecanismo vital. Algo a lo que le das y te recompensa. “La guitarra, cuanto más practicas, cuanto más le das, más te devuelve. Esto es muy chulo. Hay pocas cosas en la vida en las que tú vayas poniendo pasta y pasta, horas y horas, y el retorno sea cada vez mejor. Esto es una pasada porqué normalmente pasa lo contrario. Como con la droga y el alcohol, que vas gastando y gastando y cada vez te afecta menos. En cambio, con la música es cada vez mejor. Cada vez viene más gente a los conciertos, dominas más tu técnica, conoces más tus límites y quieres explorarlos de una forma más sana, tienes menos complejos, te lo pasas mejor tocando. O sea, que cada vez es mejor”.

 

 

Mishima son maduros. Mediocampistas de largo recorrido. Con amor por el toque de balón y la fluidez virtuosa. La mayoría de las veces suelen salir al escenario todos con camisa. Porqué Mishima es un grupo que tiene que escucharse con camisa. La prenda popular por excelencia. La transversalidad textil. Llevada por el ilustrado y por el payés. Quizás las camisas, quizás las gafas, quizás el hablar de cosas que otros no hacen les ha hecho ganarse una imagen de intelectuales. En el sentido negativo, que es como se usa en este país el término. Acercándose a estas observaciones Carabén nos dice que “en definitiva nosotros hacemos pop; canciones que se acercan a los tres minutos y con el propósito que las pueda entender todo el mundo. Entonces si tú te dedicas a una disciplina concreta, lo haces porqué seguramente en ella has encontrado obras o artistas que te han atraído mucho, y que no han renunciado a hablar de nada. Entonces pienso que la música es así. Con una canción puedes explicarte la vida, puede contener la vida. Yo no quiero renunciar a nada a la hora de escribir canciones y entonces, necesariamente, hay una parte de complejidad o de cierta sofisticación que puede ser molesta muchas veces, pero creo que es fundamental no renunciar a hablar de nada. Así que el resultado es una mezcla entre no renunciar a tocar ningún tema pero en un formato de canción popular. En definitiva has de encontrar la medida entre la forma y el tema”. Siguiendo el hilo de esta reflexión, la conversa nos lleva hacia las etiquetas y las comparaciones. Territorio facundo para el periodista y zona de purga para el artista. En este sentido, Carabén reflexiona que “en este país el rock aún lleva el San Benito de estar relacionado con la adolescencia. Contiene demasiados valores de construcción personal. De aprender a construir tu identidad, a saber relacionarte con las mujeres, con las personas de tu mismo sexo, etc. Cuando es solo esto, y no un producto cultural, una obra de arte, implica que tengas que despreciar unas cosas y enaltecer otras, ser muy apasionado. Las decisiones y las apuestas de la crítica de aquí son casi carismáticas y viscerales. En cambio hay otros medios que no funcionan así y son más abiertos. Cuando yo era joven recuerdo que se decía aquí que Queen no se podía escuchar, o que los heavys eran unos horteras. Pero parémonos a pensar. Todo tendrá cosas buenas, digo yo. En definitiva, si hay alguien lo suficientemente inteligente para explicarme que ciertas cosas tienen aspectos que a mí me pueden gustar, le escucharé. Esta es la crítica que a mí me gusta. Gasta tu inteligencia en hacerme descubrir cosas. No la gastes para cargarte a un grupo a un artista, porqué es lo más fácil del mundo”.

 

Artistas con criterio y capacidad crítica. Dios los bendiga. Arqueros dispuestos a poner una flecha donde el que pregunta ha puesto una diana. Por eso, aprovechamos para preguntar a David Carabén sobre la situación de la escena catalana, de la que todos nos llenamos la boca de un tiempo a esta parte. ¿Por qué ahora? Preguntamos qué elemento ha hecho florecer tantas bandas como Manel, Standstill, Love of Lesbian o los mismos Mishima. David apunta que “la clave está en el público. La gente ha tenido ganas de oír cantar en la propia lengua. Y es un público nuevo, relativamente joven, con mayor acceso a la cultura. Entonces más predispuestos a un tipo de producto más especial, más intelectual, más local, para el que tienen oídos. Cuando ya han agotado todo lo demás llegan a ello. Una persona con un interés cultural bajo, con un disco de Julio Iglesias pues ya tiene bastante para todo el año. Una persona con muchas inquietudes culturales, el disco de Julio Iglesias ya lo da por escuchado, porqué lo ha oído en el supermercado, y necesita escuchar dos o tres por semana, que acaban siendo ciento y pico al año. De éstos, que veinte sean en el propio idioma y de aquí hace que aparezca un público para estas cosas. De ello que haya grupos que puedan hacer una carrera y acabar generando una escena”. Si hay orejas, hay dedos para las guitarras y habrá grupos. Y en los mismos términos se refiere a la crisis del sector musical. Si la gente compra discos, los grupos ganarán dinero. Y podrán vivir de hacer discos. Además podrán pagar a los fotógrafos, a los diseñadores, etc. Y podrá haber periodistas y críticos que ganen dinero escribiendo. La rueda seguirá girando y creciendo. Pero mientras no llegue el momento, nos quedará el gusto y la militancia. Como el placer de un café con hielo, unas palabras sinceras y todos los discos de Mishima. Siempre.

 

Texto | Oscar Villalibre
Fotos | Pau Pericas

Épica, amor y buenas maneras. Mishima. L’amor feliç | Waaau TV


Épica, amor y buenas maneras. Mishima. L’amor feliç | Waaau TV.

 

Épica detallista. Pura evocación a la grandeza. Será un clásico. Esto es lo primero que se perfila en la mente con ‘L’amor feliç’ (The Rest is Silence, 2012) que acaban de publicar los catalanes Mishima; el sexto disco de su carrera. Cabe no dejar esta cifra al aire. Subrayarla y resaltarla. Para recordar a los recién llegados que Mishima tiene seis discos en su haber. Más de diez años de militancia artesana. Y dos primeros discos cantados en inglés que son brillantes y premonitorios (y que algunos nos dejamos las yemas de los dedos en las tiendas de discos buscándolos porqué estuvieron mucho tiempo descatalogados).

‘L’amor feliç’ se presenta como un escalón más de la persistencia en el camino de la peregrinación a la belleza de los chicos liderados por David Carabén. Una nueva entrega de futuros himnos. Manuales de instrucciones para saber cómo conjugar texturas de sonido, prosa poética teñida de formas intelectualistas con ritmos tintineantes y repicantes que se enganchan con cola en la cabeza. El tema del amor sirve como excusa temática para hilar un discurso de doce pistas. El propio Carabén cuenta que el amor del que se habla es el que viaja entre el concepto más institucional y el más romántico/pasional. Una especie de suerte conceptual que cabe resolver mediante la escucha atenta. Porqué a veces las canciones no solucionan nuestras preguntas, sino que nos dan alas al debate y motivos, como los colores del anochecer. Asimismo, esta concepción temática viene solidificada con la aportación musical de la relativamente nueva base rítmica del grupo. Alfons Serra a la batería y Xavi Caparrós al bajo, enrolados desde la gira de ‘Ordre i Aventura’ (Sones, 2010) han participado por primera vez en el proceso creativo. Y este hecho parece desprenderse en la sonoridad del disco. Compactada, rica en amplitud, profundidad y capas de sonido. Estructuras más complejas. Milimétrica ejecución circular a diez manos de pulcros planos melódicos. Todo ello un conglomerado virtuoso despachado en doce pistas. Una docena de canciones que necesitan de reposo. Como si insufladas de taninos con necesidad de respirar estuvieran, las piezas de ‘L’amor feliç’ pueden llevar a cierto desengaño en un primerísimo momento. Pero sean pacientes. El placer es proporcional al tiempo que se tarda en obtenerlo. Pop para servir orgasmos.

La vella ferida es la encargada de abrir el fuego. El piano parpadeante de Marc Lloret, ráfagas de batería y toques de xilófono eclosionan en un remanso vocal que nos da cierta tregua del repiqueo, para seguir avanzando en una balsa final de tiempos lentos que nos deja resoplando. La fiesta empieza a avecinarse con Els vespres verds, con su tintineo de cuerdas y platos, para eclosionar en un final destellando épica, recordando un poco a otras misticidades com Sant Pere. Llega Ull salvatge y con ella los Mishima más reconocibles. La afilada guitarra de Dani Vega, una sinuosa línea de bajo, versos y conceptos encadenándose en una cadencia medida. Oda femenina a la perfección en sus formas. Buenos preludios que van preparando el aterrizaje de L’última ressaca. El pop de manual. El single que todo grupo quiere componer. Instantes de ligereza redonda para seguir hacia las profundidades. Como en Els crits, donde Wilco se nos hacen tan presentes. Gritos a la angustia (como si se tratase de las jaquecas de Jeff Tweedy) aderezados con bandazos en forma de crescendo con fondo de agudeza femenina, arreones melódicos para secar el aliento. El meridiano del LP señalado con la recitada El que em van dir, que nos evoca a los virtuosos versos de Joan Maragall en Els ametllers, y nos señala un emocionante cenit mediante palabras certeras. “L’immens poder de sentir en l’onada, un sol batec”. Recuperarse de la bofetada poética y pararse en El camí més llarg. Aquí hay incesante punteo de guitarra para moldear la metáfora que la felicidad se nos hará siempre más familiar en el camino que en el destino. Es entonces cuando Mishima ya nos han preparado para el despliegue de No existeix l’amor feliç, la adaptación de Il n’ya pas d’amour heureux. Afrancesada poesía prosaica. Decálogo de todo el disco. Manifiesto sobre el concepto amoroso. Goerge Brassens no pontifica, solo dispone herramientas a la neurona. Tanto vuelo metafórico no nos produce vértigo, pues ya encontramos Ossos dins una caixa. Relato desengrasador con personajes a lo Bukowski y un estribillo coral para salir a la calle y cerrar el puño. El discernimiento se nos es devuelto con No obeir, enigmática composición que camina por senderos tranquilos hasta desembocar en uno de aquellos pasajes homéricos y instrumentos contorneándose, donde los Mishima tan bien se desenvuelven. El final se acerca, y con él la vaporosa adaptación de un poema de Rilke (la belleza a estas alturas ya es incontrolable), y Ningú m’espera como epílogo con un paso hacia una oscuridad brillante, llena de versos inteligentes, repicares de batería y guitarras sinuosas. El final de un trayecto que no podemos más que aplaudir. El pop en su vertiente más trabajada, pensada y brillantemente ejecutada. Belleza insistente y evocadora. Mishima, artesanos de la épica cotidiana. Brillantes.

Oscar Villalibre