[Recomendación] Standstill – Dentro de la luz (2013) | Binaural.es


[Recomendación] Standstill – Dentro de la luz (2013) | Binaural.es.

Que a estas alturas te dé pena apagar la luz. Por primera vez. ¿Cómo puede ser? Que no acabe el día”. Estas son las palabras exactas con las que retumba ‘Que no acabe el día’, primer corte del último disco de Standstill. Premonitoria sentencia que mucho nos dice de cual debe ser la brillantez de la constelación anímica de Enric Montefusco, líder de la banda. Hombre de barba tupida y sinsabores vitales presentes en sus canciones, que decide arrancar un disco con un chorro de vitalidad conceptual (de no querer que acabe el día, porqué ha sido algo bello, algo perdurable) y una cascada aporreante de percusiones musculadas. Primer síntoma. Primera señal de qué algo ha cambiado. La habitación con penumbra, persianas a medio bajar y melancolía decorando las paredes, parece que ha sufrido variaciones. Ahora entra mucha más luz, el aire fresco mamporrea todos sus rincones y la vitalidad se hace presente. ‘Dentro de la luz’ (Buena suerte/Sony, 2013) nace, pues, con esta premisa de partida.

Asimismo aventurarse con el significado de las canciones de Standstill no es tarea fácil. Si alguien les dice que entiende perfectamente el mensaje expuesto en todos sus discos, no pongan la mano en el fuego por él. Ni el dedo meñique. Porqué la banda catalana tiene en la encriptación una de sus señas de identidad. La narración es conducida mediante sensaciones y atmósferas, más que por palabras y estribillos de fácil absorción. Los caminos creativos de Standstill siempre son un surtido mapa de referencias, intenciones, texturas y pequeños matices. Aunque realmente ‘Dentro de la luz’ parece adquirir un poco de espacio propio en la carrera del grupo. La rotundidad de las percusiones, la ausencia de líneas de bajo, y ese halo de vitalidad llevan a este trabajo a tener carácter propio. Así pues, adentrándonos en él, encontramos exquisiteces como ‘Me gusta tanto’, un sendero rítmico que va creciendo como el gas de una botella de cava, que después de subir hileras de burbujas hacia el exterior, acaba eclosionando. Un recurso reconocible en Standstill. Como los cambios de tempo más o menos abruptos, que esta vez podemos contemplar en ‘Tocar el cielo’. Por otra parte también hay tiempo para los pasajes con más preeminencia de la voz y de un tono más acústico. ‘Adiós, Madre, Cuídate’ es una buena muestra de ello. Una canción que parece relacionar las bondades del amor vivido para con la familia que cada uno debe conllevar consigo en su vida. Y, finalmente, otro corte digno de mención es ‘Nunca, nunca, nunca’, una de aquellas calles por las que Standstill decide transitar de vez en cuando, y en las que flirtea con la electrónica y los anclajes más bizarros. Notas y recorridos que ya pudimos abrazar en temas anteriores como la brillante ‘Hombre Araña’ del primer EP de ‘Adelante Bonaparte (Buena Suerte, 2010).

En definitiva, Standstill arrojan luz sobre su catálogo sonoro con un notable disco. Un trabajo que desprende músculo y un conjunto bien compactado. Todas las canciones forman un imaginario más reconocible en su totalidad, algo que no podía decirse de sus anteriores trabajos como ‘Vivalaguerra’ (Buena suerte/BCore, 2006) y ya no decir de ‘Adelante Bonaparte’, un ejercicio lleno de vertientes y aristas. También parece que hay una ilusión y una esperanza que propagar de alguna manera por parte del grupo, y para hacerlo no conocen otra manera que no sea un disco. Y un espectáculo, dicho sea de paso, ya que como viene siendo habitual, Standstill han preparado una presentación escénica para sus conciertos, y que esta vez llega bajo el nombre de Cénit. Un espectáculo que ha podido verse en varios festivales estivales, y en el que la luz y las proyecciones vuelven a situar al espectador en un universo excelso, magnánimo y lleno de vibraciones. Es decir, una vivencia en tres dimensiones que teatraliza la emocionante y enriquecedora sensación de escuchar los discos de Standstill en la soledad de cada casa.

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[Crónica] Festival Cruïlla Barcelona 2013 (5/6 de julio) | Binaural.es


El festival Cruïlla ha vivido este pasado fin de semana su sexta edición en el recinto del Fòrum de Barcelona. El evento ha clausurado con aceptables resultados unas jornadas marcadas por una mezcla de estilos tanto en las actuaciones artísticas, como del público asistente, conformando un acento muy propio y que solo el Cruïlla puede ostentar a defender.

El Cruïlla ya ha vivido su sexta edición. Han pasado dos días de conciertos, actuaciones más y menos destacadas, de buen rollo y divertimento en general. Este festival barcelonés ha conseguido asentar una manera de hacer y de ser muy personal. Su lema para este año rezaba “We are music”. Dando a entender que lo que mueve a sus organizadores es la música en si misma. Sin los envoltorios que muchas veces visten todo lo que la rodea. No existe un estilo específico a la hora de calibrar el cartel artístico. Éste es una mezcla de world music, sonidos negros, algo de pop alternativo y varios artistas de difícil ubicación estilística. Ello comporta una divertida variedad en el público asistente. Pisar el cemento del Fòrum durante el Cruïlla nos pude permitir ver en un solo barrido ocular a un hipster recalcitrante, un rastafari de carné y la típica guiri rubia que podríamos encontrar en Glastonbury. Todo vale y todo cuenta. Además el Cruïlla piensa el espacio del Fòrum para que puede vivirse de una forma apacible. Prioriza el espacio entre escenarios. Otorga importancia a las zonas de descanso y comida. Incluso pone una zona de juegos extraños para los niños (y también algunos más crecidos que deciden quitarse edad alcohol mediante). En definitiva, es un festival diferente. Que tiene mucho menos públicos que certámenes precedentes en el calendario, pero que de ello sabe hacer una virtud.

Para esta sexta edición había programados dos cabezas de cartel indiscutibles. Los primeros eran Suede, unos de los abanderados del brit pop noventero, y que también han decidido subirse al carro de los reencuentros y las reapariciones. Ellos encabezaban la noche del viernes en el escenario Estrella Damm. La formación supo responder a las expectativas generadas combinando con acierto las canciones de su disco de vuelta, “Bloodsports”, con clásicos indisolubles como “Animal Nitrate” o la pegadiza “Trash”.

 

Es de remarcar la capacidad de Suede para generar interés con su material más nuevo, muy decentemente defendido. Hecho que no puede verse en algunos de sus coetáneos que también han decidido estar de vuelta en los escenarios. Y si los reyes del viernes eran ellos, el trono del sábado tenía solo un asiento. Dorado y con velludo blaugrana. Indiscutiblemente fue Snoop Dogg quien se sentó en él. Entre sus seguidores había un poco de incertidumbre sobre este directo, dado la última reencarnación del artista de Long Beach en Snoop Lion y su derivación hacia sonidos cercanos al reggae. Pero The D-O Double G no decepcionó a quienes les esperaban. Tiró de su rap más identificativo, de varios de sus grandes temas y puso todo el espectáculo necesario para hacer pasar una velada sublime. Acompañado de dos MC’s, dj, algunos músicos y tres exuberantes bailarinas, Snoop sacó a relucir su carisma y convirtió el escenario Estrella Damm en una marea de brazos en alto y flow corporal. Supo acordarse de Dr. Dre, de Justin Timberlake y del clásico sampleado de House of pain “Jump Around”. Recital de versiones y clásicos propios. Todo pensado y calculado para el deleite popular y manifestar su voluntad de no abandonar el reinado del rap que tanto le gusta ostentar. Y fumándose un cigarro manufacturado de tamaño bíblico, recitando los compases de “Young, Wild & Free”, y sentenciando con un “Smoke weed motherfuckers”, Snoop Dogg abandonó el escenario dejando atrás una grandísima actuación.

 

Todo esto lo referente a los grandes cabezas de cartel, pero el Cruïlla de este año tenía también una segunda línea de artistas nada desdeñable. En la primera jornada cabe destacar la actuación de Billy Bragg. El cantante de Essex actuó en el escenario Time Out con una actitud muy combativa. Cada canción venía presidida por una arenga política. Aunque en algunos momentos hacía decaer el ritmo del concierto, sin duda es de celebrar poder ver artistas con ideas meridianas y con capacidad para el guiño social. Destacar su apoyo al matrimonio homosexual y a las referencias de hastío hacía el conservadurismo en su Gran Bretaña natal. En lo musical reseñar su buena combinación de piezas nuevas, como la bella “No one knows nothing anymore”, con clásicos que deberían enseñarse en las escuelas como “A new England”. Posteriormente, los artistas caseros tomaron el protagonismo. Primero, los madrileñosToundra que electrizaron la carpa-escenario del Periódico. Bordaron su actuación dejando claro que en esto del post-rock ellos son los que cortan el bacalao en nuestro país. Más tarde, los catalanes Standstill presentaron su espectáculo “Cenit” en el escenario Time Out. Una nueva muestra del ingenio de los chicos liderados por Enric Montefusco, combinando luces, proyecciones y visuales con las composiciones monumentales de su nuevo disco “Dentro de la luz”. No decepcionaron en absoluto, y su directo sigue sonando potente, arrebatador e inspirador como pocos.

Finalmente, la noche tuvo un atronador colofón con la actuación de The Suicide of Western Culture. El dúo barcelonés se encuentra en un estado de forma espectacular, y lo demostraron en el escenario del Periódico. Ante unos cuantos fieles, TSOWC sacaron a relucir todo su arsenal analógico, esta vez con guitarra distorsionada incluida, y desgranaron los temas de su reciente nuevo disco “Hope Only Brings Pain”. Su directo es una auténtica bofetada. Un ir y venir de ráfagas, crescendos, eclosiones y texturas rugosas.

En cuanto al sábado, uno de los nombres esperados era el de Morcheeba. La banda británica presentó su nuevo disco “Blood Like Lemonade” delante de un buen número de espectadores, en el escenario Deezer. Parece que los ingleses siguen en buena forma y pueden dar gracias de la vuelta de su vocalista Skye Edwards. El sonido de Morcheeba no puede entenderse sin su voz ni sin su presencia escénica.

Más tarde, fue el trombonista y trompetista Trombone Shorty el que hizo bailar y pasar un muy buen rato hedonista a los presentes en el escenario Time Out. Su música sureña llevó hacia una realidad paralela ambientada en Nueva Orleans. Clásico y efectivo. Muchas veces los programadores se dejan llevar por la contemporaneidad y olvidan que las raíces si siguen puestas ahí será porqué sustentan alguna cosa. Finalmente, también cabe mencionar la actuación de Fermín Muguruza con su Kontrakantxa, un espectáculo donde repasa sus más de 30 años de música y compromiso político. El músico euskaldun tocó todos los palos que ha ido probando durante su prolífica carrera, sin dejarse clásicos, ya no musicales sino sociales, como el “Sarri, sarri”. Bi Batu!

Eh!- ‘El sobresalto Alpha’ (BCore, 2013) | BCore


Eh!- ‘El sobresalto Alpha’ (BCore, 2013) | BCore.

 

Eh! - El sobresalto Alpha

– EH!

– Qué!?

– Nada. Eso. Que EH!

– Ah! EH? El grupo?

– Claro. ¿Qué sino, eh?

– No sé! Pero menudo sobresalto!

– Alpha.

– EH!

Y así sucesivamente. Una conversa pillada al vuelo. Un batalla dialéctica donde la onomatopeya hace de mandoble. Atacar y defender. Zarpazos verbales. Armas afiladas como los instrumentos de Eh! El proyecto de Elías Egido que ya llega a su tercera entrega con este ‘El Sobresalto Alpha’ (BCore, 2013). Una nueva muestra de las dotes destellantes para el arte de la guerra sonora de estos chicos. Fogonazos con vientos, armaduras pertrechadas en fragmentos de jazz, erizantes riffs de guitarra y caballos de batalla herrados con los teclados más consistentes de esta parte de la trinchera.

‘El sobresalto Alpha’ es una reunión de locos virtuosos entregados a la verborrea melódica. Un aquelarre musical en el que el resultado parece una jam session bien ensamblada. Improvisación aparente en las formas, ejecución impoluta en los cimientos. Toda una fiesta de celebración para con los ritmos devastadores del rock más orgánico, los destellos de jazz a lo Miles Dives desbocado o las reminiscencias evocadoras a Tortoise o Motorpsycho. Un mosaico bien cimentado y pertrechado por las manos sabias de Eh! Una banda donde son especialistas en servir platos suculentos y festines romanos gracias a la pericia en los fogones de pinches avanzados como Elías Egido, Dani Arrazabalaga, Txus Villaralabeitia, Ruben Martínez, Naiel Ibarrola y Ramon Marc Bataller. Todos ellos con pasado y presente en reputadas formaciones como Standstill, Tokyo Sex Destruction, Delafé y las Flores Azules, Maika Makovski o Le Traste. Ellos han pochado a fuego lento ‘El sobresalto Alpha’ bajo la producción Raúl Pérez desde su estudio de La Mina en Sevilla, un lugar inmejorable para fusionar tanto buen gusto.

No cabe más que invitar a la degustación de este tercer trabajo de Eh! Sentir el incisivo corte de los teclados en ‘Sexy Pelo’; las cuerdas ensangrentadas y premonitorias de ‘Una Porción de Cálido Sur’; la chispeante batería y el dulce saxo de ‘Bombones y Vinilos’; o la locura sintetizada y particular de ‘Nuestro Coto Privado de Caza’. En definitiva, un menú de ocho platos que transita por las dulces mieles del instrumentalismo. Un canalla invitación al baile y al asentimiento craneal como si fuéramos gatos dorados de la suerte. ‘El sobresalto Alpha’ es una de las buenas noticias del año, y que sirve para recordarnos que el melómano no solo vive de folk afectado y pop edulcorado.

Escucha aquí ‘El sobresalto Alpha’ y descárgatelo al precio que tu quieras.

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Crónica del concierto de Standstill. Rooom en l’Auditori | Waaau TV


Crónica del concierto de Standstill. Rooom en l’Auditori | Waaau TV.

 

 

Ya hace dos años que Standstill publicaron el brillante ‘Adelante Bonaparte’ (Buena Suerte, 2019). Un triple EP con una veintena de canciones versando sobre un circuito vital. Una metáfora que viaja desde la muerte hasta el nacimiento. Un escenario colorido de anchas proporciones artísticas. Un disco que ha servido a Standstill para estar viajando durante todo este período explicando su historia. Y fieles a su manera de hacer las cosas, lo han ejecutado en varios formatos. De aquí su triple cierre de maratoniana gira. Tres conciertos, tres puestas en escena. El jueves con La Bonaparte Ensemble, pequeña formación orquestal que acompaña a los chicos de la banda para dar amplitud y nuevas vistas a sus canciones. El viernes con el espectáculo ‘Rooom’, el que han llevado por tantos teatros de la Península. Un montaje con acompañamiento audiovisual para ejecutar en orden cronológico los cortes de ‘Adelante Bonaparte’. Y, finalmente, el sábado con un directo al modo tradicional en la Sala Apolo de Barcelona. Esta vez sí, el último suspiro de esta gira de dos años.

Como decimos, el viernes fue la última vez que pudo verse el espectáculo ‘Rooom’. Una vuelta de tuerca más en la manera diferente de pensar el arte musical que poseen Standstill. Los cinco músicos situados en circulo, enmarcados por un triple rectángulo sobre el que se proyectan diversos montajes audiovisuales, realizados por Alex Serrano, Josep Mª Marimon y Rosa Rydahl, que completan el mensaje conceptual que envuelve todo el disco. Los tres EP’s que dividen ‘Adelante Bonaparte’ sirven de separación también encima del escenario. ‘I. Algunos recuerdos significativos de B.’ es el primer bloque encargado de encender la mecha. Es cuando encontramos la poderosa ‘Todos de pie’ (prefacio)’. Sermón melódico finalizado con una destellante  descarga de guitarras y baterías punzantes, coronada con hipnóticas ráfagas de luz. Después de quedar todos despeinados en sus butacas, ‘El hombre araña’ puso la guía otra vez en el camino, desafortunadamente con una versión más corta de la que aparece en el disco y de la que se puede oír en los conciertos. Los cortes del disco se iban sucediendo con una armonía deslizante. Un camino de sensación rectilínea, pero verdaderamente minado de cambios de intersección y de rasante. Standstill son capaces de dar la sensación de flotar encima del suelo, aunque la carretera tenga agujeros, salientes y multitud de matices. Trayecto placentero con estaciones de servicio de notable mención como ‘Vida normal’, donde la sección rítmica se da un festín a costa de la misma. Velocidad de crucero hasta ‘Adelante Bonaparte (I)’, hit que se prevé su atemporalidad, y que concluyó el primer epígrafe.

El segundo acto ‘II. B. pasa de querer comerse el mundo a esconderse en una pequeña parcela’, empieza con ‘Adelante Bonaparte (II)’, cara B del mismo single. El matiz hecho hit. Dos maneras diferenciadas de llegar a la misma perfección. En este punto, viajeros como conductores ya no recuerdan que fuera existe una realidad. La sensación comuna es que fuera de las paredes de ‘Rooom’ no existe nada. Enric Montefusco muestra su cara más desgarradora al son de ‘Cobarde Pecador’. Y el espectáculo que está dando a estas alturas Ricky Lavado a bordo de la batería es de cortes épicos.  Después de la belleza melancólica en estado puro de ‘El resplandor’ y de la metáfora de la habitación sellada, aún quedaban truenos revitalistas y de gigantescas proporciones como ‘Moriréis todos los jóvenes’. Menudo espectáculo. Una de las cotas más altas del viaje que empezaba a encarar el final del segundo acto y preparaba su última etapa. Ésta, titulada ‘III. El corazón de B. despierta’ empezó con Montefusco solo con su acústica hilvanando las preciosas notas de ‘Cuando ella toca el piano’. Vidrio en los ojos y la belleza pegándose ya un festín por el inmenso espacio que podía ocupar en toda la sala. Seguidamente, los cambios de silla entre músicos continuaban siendo la nota predominante. Todos los miembros de la banda demostrando su versatilidad. Un equipo que puede hacer de todo. Una escuadra llena de mediocampistas, el sueño del entrenador del fútbol total. Un auténtico alboroto harmónico, preciosista y tan bien organizado. Una oda al detalle como epidemia melódica que pegaba sus últimos coletazos, y que tenía su zénit con ‘Canción sin fin (epílogo)’, una especie de decálogo sobre como pueden hacerse discos con un concepto artístico sobre el que girar. Un fin, una meta. Un final de trayecto al que llegar, más allá de un puñado de canciones puestas con un orden más o menos acertado. Porqué si todos los discos fueran como los de Standstill, seguro que se venderían muchos más. Y si los directos tuvieran todos tanto sentido y capacidad para contar cosas, como los tienen los de Standstill, muchos más abandonarían el calor del hogar para escuchar música en directo.

Oscar Villalibre